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domingo, 27 de septiembre de 2026
DIARIO DE CUBA - ¿Hay diálogo entre Cuba y Estados Unidos?
¿Hay diálogo entre Cuba y Estados Unidos?
Reconocer negociaciones con Washington tendría un costo político para el régimen: permitiría interpretar que la presión de EEUU surte efecto, y que La Habana se ve obligada a negociar.
Esta semana, durante la Asamblea General de Naciones Unidas, se reeditó un guion conocido: Washington reseñando el fracaso del régimen cubano y La Habana denunciando la política estadounidense como causa principal de sus problemas. Sin embargo, en esta ocasión y detrás de la retórica pública, podría haber canales de diálogo directo.
El 22 de septiembre, Donald Trump afirmó en su intervención que el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, estaba “inmerso en las negociaciones” con el régimen cubano. Dos días después, el viceministro de Relaciones Exteriores de La Habana, Carlos Fernández de Cossío, respondió que no podían identificarse avances en las comunicaciones directas ni en reuniones presenciales entre ambos gobiernos. Al mismo tiempo, sostuvo que Cuba mantiene abierto un canal oficial con Estados Unidos y que siempre ha estado dispuesta a conversar. En términos diplomáticos esto pudiera significar que, sin tener negociaciones formales, puede haber conversaciones indirectas y contactos. No obstante, la persistente negación del régimen de Cuba mantiene cualquier información en el plano especulativo, así como la identidad de los interlocutores cubanos que ha señalado la prensa, como el nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “el Cangrejo”.
Marco Rubio dijo en Nueva York que ha habido “pasos para un eventual entendimiento”. También, que algunos integrantes del Gobierno cubano quedarían fuera de cualquier acuerdo futuro, porque “hay individuos en ese régimen con los que nunca podremos trabajar porque tienen las manos manchadas de sangre”. El secretario de Estado no precisó nombres ni posición en el castrismo. Por su parte, John Kavulich, presidente del Consejo Comercial y Económico EEUU-Cuba, afirmó que los contactos no se han detenido y que los gobiernos están hablando “todos los días” a través de empresas privadas. También aseguró que habría acuerdos de inversión estadounidenses en marcha, aunque tampoco ofreció nombres, sectores, montos ni detalles que permitan comprobar el alcance de las operaciones.
Con semejantes aseveraciones resalta la cuestión de por qué es tan costoso para el régimen cubano admitir el diálogo. Durante meses, La Habana ha descrito las medidas de la Administración Trump como una política de “máxima presión”, un “castigo colectivo” y una agresión contra la población cubana. El ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, y su viceministro Fernández de Cossío, volvieron a utilizar estos días esa narrativa, calificando incluso el “cerco petrolero total impuesto a nuestro país” como “un bloqueo naval”, sin reconocer las crecientes importaciones de combustible que ha hecho Cuba de los Estados Unidos. Ambos sostuvieron que resulta incompatible hablar de avances mientras Washington mantiene las sanciones.
Sin embargo, el precedente venezolano es muy revelador. Durante años, La Habana negó de manera tajante la presencia de militares cubanos en Venezuela. En diciembre de 2024, el propio Carlos Fernández de Cossío aseguró que no había tropas cubanas ni participación cubana en operaciones militares o de seguridad en territorio venezolano. Sin embargo, a raíz de la operación estadounidense que en enero de 2026 terminó con la captura de Nicolás Maduro, el régimen se vio obligado a aceptar que 32 miembros de las FAR y del MININT habían muerto mientras cumplían misiones de protección del dictador venezolano. El episodio demuestra que cualquier información puede ser negada por el régimen mientras su ocultamiento sea sostenible.
Varias respuestas gravitan así en torno al posible diálogo entre EEUU y Cuba. La Habana puede tener distintas razones para negarlo: desconoce aún hasta dónde conducirán los contactos; evita conceder protagonismo a Washington; busca preservar la imagen de que cualquier cambio responde a decisiones soberanas y no a presiones externas; o prefiere mantener fuera del foco unas conversaciones protagonizadas por actores económicos ajenos a la diplomacia tradicional.
Reconocer esos contactos tendría, además, un costo político para el régimen: permitiría interpretar que la presión estadounidense está surtiendo efecto y que La Habana se ha visto obligada a negociar. Mantenerlos en la ambigüedad, en cambio, le permite conservar margen de maniobra, evitar compromisos públicos y negar la existencia de concesiones mientras no resulte necesario formalizarlas.
Al régimen cubano nunca le ha interesado sostener con su propia sociedad un diálogo político abierto y transparente. Pero admitir que está dispuesto a discutir con su principal adversario cuestiones que afectan al futuro del país, sin haberlas sometido antes a debate público, plantea una contradicción adicional. Obligaría a abrir otra conversación: quién decide, qué se está dispuesto a cambiar y qué lugar ocupa la población en esas decisiones.
No sabemos qué se discute entre Washington y La Habana. Tampoco existe evidencia pública suficiente para afirmar que haya una negociación formal y estable en los términos descritos por Trump. Las declaraciones cubanas de esta semana insisten, de hecho, en que no hay encuentros programados y niegan avances. Pero la falta de reconocimiento oficial tampoco demuestra que no existan contactos. Quizás el dato político más revelador sea precisamente la necesidad de negarlos y el control informativo sobre lo que realmente está ocurriendo.
sábado, 26 de septiembre de 2026
14 Y MEDIO - NOTICIAS DE CUBA
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viernes, 25 de septiembre de 2026
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