domingo, 13 de septiembre de 2026

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EN EL RÍO

 

En el arrullo del río

se estremece mi silencio

y es en él donde me agencio

la poesía que poesío.

Ya sé que mi desvarío

anda en la cuerda floja

pero con mi musa coja

desando los arrabales

que son sentidos puñales

entre la piedra y la hoja.




EL FARO DE CEUTA - Desastre ecológico tras la entrada masiva: pesca ilegal y riesgo para la Patella Ferruginea

https://elfarodeceuta.es/desastre-ecologico-entrada-masiva-pesca-ilegal-riesgo-patella-ferruginea/ 



DIARIO DE CUBA - Cuba se queda sin agua

Cuba se queda sin agua

Millones de cubanos sufren cortes de agua frecuentes y prolongados. Un servicio que el Estado declara universal depende cada vez más de la capacidad de cada quien para garantizarse el acceso.

 
Interior de una cisterna en Holguín (DDC)

Entre los aspectos que definen la precaria situación de la vida cotidiana en la Isla, en DIARIO DE CUBA nos hemos ocupado esta semana del tema del agua, un servicio que el Estado declara universal pero que parece ajeno a su política administrativa. Nuestra periodista Annarella Grimal dedicó dos reportajes a exponer tres aristas fundamentales del problema: la falta de regularidad en el servicio, la calidad del agua y la dependencia de la economía personal para garantizar el acceso.

Los testimonios recogidos en La Habana, Santiago de Cuba, Camagüey, Bayamo, Baracoa, Holguín y otras localidades, ilustran semanas sin abasto de agua en las viviendas, tuberías rotas, salideros, falta de combustible y un líquido cuya apariencia o procedencia genera dudas sobre su potabilidad. Ello resume el deterioro estructural de los sistemas nacionales de captación, bombeo, distribución, tratamiento y saneamiento del agua, lo que traslada al ciudadano el coste de garantizar un servicio que corresponde al Estado.

La escasez no es una excepción. Una encuesta de DIARIO DE CUBA, realizada en el primer trimestre de 2026 por Cubadata, recogió que el 46,6% de los encuestados carecía de abasto de agua todos los días o varias veces por semana y el 71,4% al menos una vez por semana. Solo el 9,3% afirmó no tener problemas de suministro.

Las estadísticas oficiales hablan de una cobertura muy elevada, pero esto no equivale a disponibilidad continua ni a seguridad sanitaria. La propia ONEI documentaba en 2022 que apenas el 61,2% de la población disponía de agua gestionada de manera segura: una fuente mejorada, accesible en la vivienda, disponible siempre y libre de contaminación. A partir de ese indicador, los cálculos de DIARIO DE CUBA sitúan en unos 4,3 millones los cubanos que quedarían fuera de ese estándar. Por otra parte, una vivienda puede figurar como abastecida aunque el agua llegue cada quince o veinte días, deba almacenarse durante largos periodos o ser tratada para su consumo.

Al respecto, Maylin Rodríguez Suris, abogada experta en políticas públicas, comentó a DIARIO DE CUBA que “cuando una población debe hervir agua, filtrarla artesanalmente o comprarla para beber, el derecho humano al agua no se encuentra satisfecho, aunque exista una red de distribución”. A ello se suma que, si una familia necesita comprar una pipa, instalar una turbina, construir una cisterna, perforar un pozo o tratar por su cuenta el agua que recibe, el servicio público deja de cumplir la función que formalmente se le atribuye.

Un mercado de supervivencia se desarrolla y diversifica entonces alrededor del colapso del servicio. De esta manera, el acceso al agua comienza a depender de los recursos personales, lo que provoca diferentes niveles de vulnerabilidad.

También es muy cuestionable la calidad o potabilidad del agua. En distintos puntos del país los entrevistados por DIARIO DE CUBA describen agua turbia, con tierra, olor a fango, larvas y residuos. En otros casos, el agua parece normal pero no hay garantía de que esté clorada. La incertidumbre se sostiene por la falta de información oficial, actualizada y sistemática, sobre la calidad del agua destinada al consumo humano en el país. Al mismo tiempo, las enfermedades diarreicas agudas aumentan y, aunque no pueden atribuirse por defecto al agua, tampoco puede ignorarse la coincidencia entre el deterioro del abastecimiento y las deficiencias de saneamiento.

Todo esto es consecuencia directa de la gestión del presupuesto nacional, así como de los recursos prevenientes de proyectos y ayudas internacionales. Por ejemplo, entre 2022 y 2024, el Gobierno destinó 95.801 millones de pesos al turismo: diez veces más que a la inversión hidráulica y dieciséis veces más que a los programas de abastecimiento de agua. Asimismo, ha tenido acceso a financiamiento internacional para el sector hidráulico. En las últimas dos décadas, proyectos apoyados por el Fondo Kuwaití y por la cooperación española han movilizado más de 130 millones de dólares para obras relacionadas con agua y saneamiento.

El problema, entonces, no es simplemente de ausencia de recursos, proyectos e incluso de una determinada infraestructura hidráulica. Es la incapacidad de convertirlos en un sistema nacional sostenible, mantenido y capaz de garantizar el servicio de manera permanente.

La crisis del agua no es una consecuencia secundaria del colapso cubano. Es una de sus expresiones más completas. En ella convergen el deterioro de la infraestructura, la crisis energética, la falta de inversión, las prioridades económicas del Estado, el déficit de información pública y la creciente desigualdad en la capacidad de los ciudadanos para resolver por sí mismos lo que el sistema no garantiza.

Del Rincón del Tíbet