domingo, 8 de marzo de 2026

REFLEXIONES

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14 Y MEDIO - NOTICIAS DE CUBA

 

 

Boletín Semanal

6 de marzo de 2026

La tensión ha subido en La Habana, donde reina la paranoia por el avistamiento de caravanas militares nocturnas, explosiones por ejercicios de defensa y un aumento de la vigilancia en el contexto geopolítico actual, tan adverso al régimen y algunos de sus aliados. Hay traslados de tropas especiales y armamento cubierto en rastras por lugares tan notorios como la Vía Blanca, mientras el gobierno intensifica la retórica de la "guerra de todo el pueblo" ante las amenazas de la Administración de Donald Trump. 

La solución al problema principal de los cubanos, los apagones, pasa por poder pagar el precio de los paneles solares, inalcanzables si hay que comprárselos al Estado. El régimen comercializa los kits más básicos por unos 75.000 pesos (unas 20 veces el salario promedio) y si se quiere algo de más calidad hay que desembolsar unos 2,5 millones. Hay ofertas, pero están limitadas a "trabajadores destacados" y es más fácil encontrar mejores precios en el mercado informal. 

Un trabajador del Instituto de Meteorología ha denunciado a través de 14ymedio la profunda crisis que azota la institución debido a la corrupción, el nepotismo y la manipulación de datos. En su testimonio afirma que al menos diez estaciones meteorológicas han cerrado por falta de personal y recursos mientras algunos puestos clave los ocupan personas por razones políticas y sin preparación. Uno de los más afectados es el popular José Rubiera, al que califica de "parásito" con privilegios políticos. También acusa a los directivos de utilizar fondos para hacer "turismo científico" cuando la infraestructura se encuentra en un estado lamentable.

Las autoridades detuvieron en San Antonio de los Baños, Artemisa, a Felipe Rodríguez, un transportista de 68 años, que llevaba un cartel en su triciclo con la frase: “No monto ni clarias ni chivatos, solo hombres libres”. El incidente fue denunciado por el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa y ha generado una ola de solidaridad de conocidos y organizaciones independientes, quienes responsabilizan al Gobierno por la integridad física del detenido y exigen información sobre su situación legal actual.

En Crónicas de La Habana, Yoani Sánchez habla de la desconexión digital: “El llamado fomo (fear of missing out o miedo a perderse algo) hace que la gente en esta ciudad escale un tanque de agua a ver si capta la señal 4G y los dichosos posts de Facebook acaban de cargarse en su móvil. Una cosa era cuando no sabíamos lo que nos perdíamos y otra, ahora, cuando el pésimo servicio de telecomunicaciones nos arrebata ese internauta que ya somos, que nos hemos construido con años de presencia en redes sociales. Más que una carencia, esto es una amputación”. 

Cuba contra Cuba...una columna de Yunior García Aguilera. “El verdadero conflicto ha alcanzado ahora su momento más tenso. Y ocurre, además, cuando el modelo castrista luce más agotado que nunca, incapaz de convencer, de satisfacer las necesidades básicas de su población, o de encontrar a un aliado externo que realmente esté comprometido con su supervivencia. ¿Es posible imaginar un escenario en el que los cubanos resuelvan sus diferencias por vías cívicas? El desafío sigue abierto”.

FOTO DE LA SEMANA. En Coppelia ya no se vende helado, solo vino seco, por Juan Diego Rodríguez.
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SITUACIÓN ACTUAL EN LAS CALLES

MI ESPECIAL RECONOCIMIENTO A LAS MUJERES BANDERA QUE SE ENFRENTAN A LAS DICTADURAS PORQUE ELLAS SON EL VERDADERO REFLEJO DEL FEMINISMO

DAMAS DE BLANCO










Y MIENTRAS ESTO OCURRE, 
¿EL FEMINISMO DÓNDE ESTÁ?

FRASE


 


 

sábado, 7 de marzo de 2026

HISTORIA DE CUBA A PARTIR DE 1959

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#SOSCuba - DIARIO DE CUBA: El cambio que no llega pero que se espera

 Crece la tensión entre la resistencia del régimen y el reclamo ciudadano, lo que después de mucho tiempo marca un horizonte político distinto para Cuba.

Una calle en Cuba.

Cuba es un país suspendido en una espera interminable. Su sociedad está agotada, lidia con una crisis que, desde hace años, atraviesa todos los aspectos de la vida. La demanda de cambios políticos es visible, pero el régimen actúa como si nada esencial tuviera que modificarse. Sin embargo, esa expectativa se ha convertido en uno de los rasgos más particulares del momento actual, compartida dentro y fuera de Cuba.

La tensión es permanente: mientras el poder político evita reconocer el fracaso de su proyecto de gobierno, la sociedad se adapta a condiciones cada vez más precarias. Esta semana en DIARIO DE CUBA, reportamos cómo decenas de vecinos de Matanzas comenzaron a perforar pozos en patios, aceras e incluso dentro de sus viviendas por la falta sostenida y prolongada de suministro de agua. En otras regiones de la Isla, comprar este recurso vital también se ha hecho común. Un tanque puede costar 2.000 pesos y una pipa superar los 8.000, lo que para muchos significa sacrificar comidas u otras necesidades básicas.

La vida se reorganiza alrededor de la escasez y la tragedia social se acrecienta. En medio de la precariedad, la población desarrolla estrategias de supervivencia más acordes a economías de subsistencia que a la vida moderna. Nuestros video-reportajes recientes muestran apartamentos donde se crían cerdos y gallinas, patios y azoteas donde se improvisan huertos, soluciones individuales ante problemas generados por el Estado.

El sistema eléctrico, en condiciones críticas, funciona entre apagones que afectan diariamente a millones de personas. Esta semana hubo una desconexión casi total que dejó a la Isla a oscuras, desde Pinar del Río hasta Las Tunas. Cuando falta la electricidad, fallan también las estaciones de bombeo, se paralizan las comunicaciones, se interrumpen las clases y se suspenden servicios básicos. Esto no acontece como un evento excepcional o aislado; cada apagón genera una cadena de interrupciones que revela hasta qué punto la infraestructura técnica del país es inoperante y su impacto en otras esferas.

Incluso el sistema judicial ha tenido que adaptarse a esta miseria. DIARIO DE CUBA tuvo acceso en exclusiva a un acuerdo aprobado por el Consejo de Gobierno del Tribunal Supremo Popular, donde se anuncian medidas para reorganizar la actividad de los tribunales debido a las limitaciones de combustible y transporte. De este modo, dichas instituciones se ven obligadas a operar bajo una lógica de emergencia, en una situación que es consecuencia de un fracaso estructural.

Mientras, la gestión de los residuos es una de las caras más visibles de la crisis. Incapaz de garantizar la recogida de basura, el Gobierno de La Habana ha llegado a justificar su incineración en la vía pública. La escena se repite en numerosos barrios con vertederos improvisados, envueltos en humo tóxico, en una capital cada vez más abandonada por su administración.

Entonces, ¿hasta qué punto puede sostenerse un sistema político cuando ya no logra garantizar lo básico?

Ante esta realidad, la protesta social crece en Cuba. El Observatorio Cubano de Conflictos registró en febrero 1.185 protestas, denuncias y acciones cívicas en todo el país, un aumento notable respecto al mes anterior. Pero lo más significativo es su naturaleza. Una parte creciente no se limita a reclamar agua, electricidad o alimentos, sino cuestiona directamente el sistema político y lo hace en espacios vinculados al Estado. Esto denota una mayor osadía y da una medida del hastío, pues son acciones perseguidas, reprimidas y fuertemente castigadas desde lo penal.

Por su parte, el exilio también ejerce una presión creciente en el ámbito internacional. El sábado 28 de febrero, cientos de cubanos tomaron las calles de Miami, Madrid, Málaga, Alicante, Barcelona, Bilbao, Montevideo, Santiago de Chile y otras ciudades de Canadá, Brasil, México y Suecia, para exigir de manera simultánea el fin de la dictadura y la liberación de los presos políticos. Un día antes, en el Parlamento de Canadá, cuatro activistas y expertos cubanos expusieron la gravedad de la situación y pidieron una respuesta internacional coordinada para una apertura real en el país.

De conjunto, todos concuerdan con lo que varios analistas han fundamentado durante mucho tiempo: que la profunda crisis cubana no es coyuntural, ni está sujeta a las presiones ejercidas por el Gobierno de Estados Unidos en los últimos dos meses, sino que responde a un modelo político incapaz de generar prosperidad, que limita cualquier espacio independiente y la libertad económica que puede dinamizar el sistema. De ahí lo evidente: sin cambios estructurales, la crisis continuará agravándose y con ella el drama social.

Por ello, algunos reclaman una intervención humanitaria. Edel González Giménez, asesor legal de DIARIO DE CUBA, advierte que, en sentido estricto, las intervenciones humanitarias se aplican cuando se producen genocidios, guerras civiles o colapsos totales del Estado. Aunque Cuba atraviesa una crisis profunda, no manifiesta un colapso institucional, por lo cual la intervención pudiera interpretarse como coerción externa directa y probablemente generaría tensiones geopolíticas mayores.

Según plantea el jurista, la alternativa más realista consistiría en diseñar mecanismos de ayuda humanitaria que lleguen directamente a la población, sin convertirse en instrumentos de control político. Esto implicaría tres principios fundamentales: neutralidad, trazabilidad y focalización en beneficiarios concretos. Significaría ampliar canales humanitarios, asegurar el suministro de medicamentos y alimentos esenciales, financiar servicios básicos y establecer mecanismos internacionales de supervisión que reduzcan la intermediación política.

En todo caso, ante la enorme capacidad de supervivencia del régimen cubano, que sigue teniendo un coste social enorme, el cambio político se hace urgente y se reclama. Dicho cambio se plantea ahora como una realidad objetiva y necesaria, aunque su implementación aún queda por definirse. A la espera, crece la tensión entre la resistencia del régimen y el reclamo ciudadano, lo que después de mucho tiempo marca un horizonte político distinto para Cuba.

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