El Consejo Económico y Comercial EE UU-Cuba (US-Cuba Trade) sugirió que Washington adapte un fondo público de 500 millones de dólares para respaldar el capital privado norteamericano en la isla, tomando como modelo un programa similar aplicado en África. La propuesta plantea utilizar agencias gubernamentales como la DFC para ofrecer garantías, préstamos e incentivos que impulsen el desarrollo de infraestructura, con la meta de movilizar al menos 1.000 millones de dólares de inversión privada. El Gobierno, que esta semana actualizó la lista de actividades prohibidas y permitidas a los privados, ha abierto discretamente la puerta a que dos profesiones que reivindicaban su derecho al ejercicio independiente desde hace décadas puedan hacerlo. Se trata de la abogacía y la arquitectura. Aunque la falta de independencia judicial genera dudas sobre el alcance real de los bufetes privados, representa un paso inédito, al ceder el control sobre una actividad antes completamente amarrada al Estado. Los arquitectos, por su parte, pueden lograr su aspiración de hacer propuestas más allá de las meramente constructivas que de ellos esperaba el Estado. El apagón generalizado, sumado a la falta de transporte y la inflación, ha hundido por completo la vida nocturna habanera y forzado el cierre temporal de emblemáticos centros culturales como la Fábrica de Arte Cubano. Las calles de la ciudad permanecen desiertas y a oscuras, reflejando el deterioro extremo de la calidad de vida en la Isla. Esta semana llegó a anunciarse el récord absoluto de déficit de generación, con 2.380 megavatios que, finalmente, se quedaron en poco menos. Un recorrido por las ruinas del imperio Gaesa, la más reciente crónica de Yoani Sánchez sobre la capital. “Mientras regreso sobre mis pasos vuelvo a mirar el edificio de Fincimex en la calle 23. Pienso que las ruinas no siempre son montañas de escombros. También existen las ruinas administrativas, las comerciales y las simbólicas. Permanecen en pie, con las puertas cerradas y los carteles aún colgados, como si esperaran un regreso imposible. Quizás ese sea el destino final de los imperios que quisieron abarcar demasiado: descubrir, cuando ya es tarde, que el tamaño también puede ser una forma de fragilidad”. Entrevistamos a Luis Manuel Otero Alcántara, que tras cinco años de prisión y un exilio forzado, rehace poco a poco su vida en Miami. Desde allí, sostiene que su salida es solo una nueva etapa en la que continuará su activismo mediante el arte y la denuncia de las violaciones de derechos humanos en la Isla. En medio del choque de adaptarse a la libertad física, insiste en que su convicción sigue siendo regresar en el futuro a una Cuba democrática. |