XXXVIII
No sé quién soy. Tengo el cuerpo de indio americano con
olor a ron, tabaco y palma real, a simulacro y desidia. Poseo un corazón
europeo y alma de olvido, la rebeldía de los mares y el dolor de la Luna. ¿Quién
soy? Acaso me llamo Troya, Luanda o Nagasaki… Cualquier fantasma abandona su
púlpito y se multiplica en arenas. El infierno desempolva al agravio por tres
días si has honrado a tu padre y a tu madre, o te llevan a morir lejos de casa.
¿Dónde están las decapitaciones hermosas de la locura que me extirparon el
evangelio? No creo en el dios asesino con cara de buena gente que nos impones.
Abortar las ideas se perfila en los calendarios utópicos sin jueces ni futuro.
¿A quién condenarán de alta traición?





