Las omisiones, demoras y silencios institucionales también son decisiones de poder. Por eso DIARIO DE CUBA, al revisar la gestión del parlamento cubano, presta atención a los temas que no discute, las leyes que aprueba y demora en publicar, los derechos que reconoce constitucionalmente, pero mantiene sin regulación efectiva, y las facultades de fiscalización que, aunque existen en el papel, no se traducen en controles efectivos sobre el Gobierno.
El asesor legal de nuestro medio, Edel González Jiménez, lo resume como una “arquitectura de la omisión”, y resalta la celeridad con que se desarrollan herramientas del Derecho Administrativo sancionador y del Código Penal frente al inmovilismo de los procedimientos para ejercer derechos fundamentales. González Jiménez apunta que “el ciudadano conoce con bastante precisión qué puede ocurrirle si cruza determinadas líneas, pero no dispone con igual claridad de una vía legal segura para ejercer el derecho. La arquitectura represiva funciona mediante una combinación eficaz: normas sancionadoras desarrolladas y garantías incompletas”.
Cuba atraviesa una crisis marcada por la pobreza, los apagones, el deterioro de los servicios básicos, la escasez de medicamentos, los problemas de vivienda, la emigración y el encarcelamiento por motivos políticos. Sin embargo, la traducción de esos problemas en exigencia de responsabilidades y modificaciones de prioridades legislativas resulta prácticamente inexistente.
Uno de los ejemplos más claros es el derecho de reunión y manifestación. Aunque la Constitución de 2019 lo refiere, la norma reguladora no se redacta, despojando al ciudadano de una vía jurídica clara y segura para ejercerlo. Mientras, se desarrollan instrumentos administrativos y penales destinados a sancionar conductas de disidencia.
La misma lógica aparece en el ámbito de la información. La Ley de Comunicación Social y el Decreto 101 mantienen un marco en el que el Estado conserva el monopolio sobre la producción y circulación de la información. Para una sociedad que necesita conocer cómo se administran los recursos públicos, cómo se toman las decisiones y quién responde por sus resultados, la ausencia de una prensa independiente reconocida legalmente reduce la posibilidad de documentar abusos, visibilizar contradicciones entre el discurso normativo y la experiencia ciudadana, y fiscalizar la gestión pública.
Otro aspecto revelador es la demora en la publicación de determinadas leyes ya aprobadas. En Cuba, la aprobación parlamentaria no basta para que una ley entre en vigor, debe ser publicada en la Gaceta Oficial. La demora, por tanto, no es un detalle burocrático, determina cuándo —o si— un ciudadano puede ejercer un derecho ya normado.
Nuestra periodista Lucía Alfonso Mirabal señaló el estancamiento por falta de publicación de las leyes 177, de Régimen General de Contravenciones; 178, del Código de la Niñez, Adolescencias y Juventudes; 179, del Sistema Deportivo Cubano; y 180, de Registro Civil, aprobadas por la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) en julio de 2025. Así también se refirió al prolongado caso de las leyes 171 de Migración, 172 de Ciudadanía y 173 de Extranjería, aprobadas en julio de 2024. En contraste, el Código Penal aprobado en 2022, que mantuvo la pena de muerte e incrementó los delitos sancionados con ella, recorrió con rapidez el proceso de publicación y entrada en vigor.
Sobre estos pendientes las autoridades no han ofrecido informes, explicaciones ni un cronograma actualizado. Esa ausencia de información también merece ser fiscalizada.
Al hilo de lo anterior, esta semana DIARIO DE CUBA conversó con el jurista Raudiel Peña Barrios, del Observatorio Legislativo de Cuba, autor del informe Arquitectura del Control: Balance legislativo de la Asamblea Nacional del Poder Popular y el Consejo de Estado en Cuba (junio 2025-agosto 2026). Este documento expone los espacios que el funcionamiento institucional cubano mantiene deliberadamente vacíos, afectando la vida concreta de los cubanos, así como la producción normativa en la que sí ha avanzado.
Entre los cambios recientes aparece la eliminación del límite constitucional de 60 años para ocupar la Presidencia de la República. Peña Barrios interpreta esa modificación como un uso instrumental de la Constitución, susceptible de ser adaptada a las necesidades de continuidad de la élite política. También señala su coincidencia con la postergación de las elecciones municipales hasta 2027.
Otro caso es la Ley del Sistema de Identidad Personal y Domicilio, que incorpora la recopilación de datos biométricos como la voz, el iris y los rasgos faciales. El informe plantea que esta infraestructura puede ampliar considerablemente la capacidad estatal de identificación y seguimiento. En este sentido, merece atención la expansión del derecho administrativo sancionador. Según Peña Barrios, la utilización de multas, decomisos e inspecciones administrativas permite al Estado ejercer presión sobre periodistas, activistas y disidentes sin recurrir necesariamente a procesos penales. La amplitud de determinadas categorías contravencionales deja un importante margen de discrecionalidad a los funcionarios encargados de aplicarlas.
Así, el control gubernamental adquiere múltiples formas: un trámite que no avanza, una regulación que no se ejecuta, una facultad administrativa ambigua, una base de datos amplia y precisa. Procedimientos todos que el ciudadano no controla, y que están fuera del escrutinio público. Esta grave falta legal es sostenida por el mismo parlamento que debe actuar en beneficio de los intereses del pueblo y atender a sus planteamientos, evidenciando el sisma que existe en Cuba entre el poder soberano (el pueblo) y su representación formal.
Apenas medio año después de la entrada en circulación de los billetes de 2.000 y 5.000 pesos, la galopante espiral inflacionaria que sufre la Isla ha obligado al Banco Central de Cuba a autorizar la emisión de nuevos billetes de 10.000 y 20.000 pesos, una medida que expone el imparable deterioro del poder adquisitivo de la moneda nacional. El anuncio vino acompañado de otras medidas relacionadas con el sistema financiero, entre ellas la apertura de la primera casa de cambio privada o la expansión del sistema de pago de pensiones a través de particulares.
Los datos desglosados de la agencia de energía estadounidense (EIA) confirman un aumento exponencial en los envíos de combustible hacia la Isla, alcanzando la cifra récord de 778.000 barriles importados desde EE UU durante el mes de junio. Aunque ya se sabía que el valor no ha hecho más que aumentar, ahora se conoce el volumen, que revela un incremento liderado fundamentalmente por el diésel, cuyas compras crecieron un 250% respecto al mes anterior. Los datos ponen de manifiesto la creciente dependencia de los cubanos de los suministros energéticos procedentes del mercado estadounidense, el único al que tienen acceso.
El cerco financiero en torno al entramado tabacalero cubano se ha estrechado aún más después de que las autoridades españolas hayan procedido a congelar las cuentas bancarias de Tabacalera, socia de la estatal Habanos S.A. La intervención judicial, derivada de las sanciones internacionales impuestas al magnate chino-camboyano Chen Zhi, obliga a la compañía a solicitar autorizaciones gubernamentales previas para ejecutar cualquier operación o pago de salarios, agravando la mala situación de un sector ya golpeado por la crisis de la Isla y la errada política empresarial de precios desorbitados.
En medio de la estampida de socios extranjeros en el sector turístico, la cadena estatal Islazul busca desesperadamente inversores privados dentro de la propia Isla para intentar reflotar sus instalaciones. La empresa ha hecho pública una serie de licitaciones en Santiago de Cuba que abren la gestión y arrendamiento de áreas gastronómicas o de servicios en una decena de hoteles y locales de ocio. La desconfianza de la población es palpable, en primer lugar por la propia decadencia del sector, a lo que hay que sumar la opacidad de los contratos y el temor a cualquier golpe de timón del régimen cubano.
Yoani Sánchez reacciona a una de las informaciones más importantes de la semana llegada desde Caracas: “Hay noticias que, leídas desde Cuba, adquieren un significado diferente. Este jueves, cuando supe que en Venezuela habían comenzado a desbloquear sitios digitales censurados durante años, pensé inevitablemente en la pantalla de un teléfono móvil en La Habana intentando abrir el diario 14ymedio. La ruedita gira, pasan los minutos y finalmente no aparece nada. Así llevamos doce años, desde aquel 21 de mayo de 2014 en que nació este periódico”.
La polémica de la semana, sobre un documento que no ha gustado demasiado a ninguna de las partes, por Jorge Luis León. “El informe de Harvard habla de amnistía para los presos políticos y de una transición pacífica. Eso merece reconocimiento. Pero una transición verdaderamente democrática necesita responder también otra pregunta: ¿qué ocurrirá con quienes fueron responsables de la represión y de las violaciones de derechos humanos? Porque una cosa es incorporar a la reconstrucción nacional a funcionarios que acepten las reglas democráticas. Otra muy distinta es preservar el poder de la cúpula responsable de la tragedia nacional bajo una nueva apariencia institucional. Ahí está el límite que, a mi juicio, el documento no resuelve satisfactoriamente”.
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