CANCIÓN DE SERPIENTES
Cuando voy por los
campos llevo siempre mi botella,
sólo porque el licor fuerte es buen
antídoto contra el veneno de las serpientes.
Pero si pienso en serpientes me
acuerdo de otra,
falsa, engañosa, mucho peor aún que
ellas.
Se dice que la serpiente acecha bajo
árboles verdes,
mirando suave y atrayente el grácil
pajarillo.
Pero la muchacha va por todos los
caminos, su vista aguda lo abarca
todo: ve una chaqueta allá, oye
acullá un par de botas.
La serpiente arrastra la tripa, no
come más que tierra,
pero la muchacha prefiere el dulce, y
plato de plata en la mesa.
La serpiente aprende a bailar para
distraer a los tontos,
pero la niña empieza a bailar en el
vientre de su madre.
La serpiente no muda piel más que una
vez al año,
pero la muchacha muda la suya ocho
veces a la semana.
Si la serpiente te engaña te morderá
los talones,
pero engaño de mujer taladra el alma
de un muchacho.
Termina así mi canción sobre animales
dañinos
y me apresuro, bosque adentro, a la
jaula de mi muchacha.

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