XI (fragmento)
La verdad la encontré
en los libros de antaño
y ya no es necesario andar a
escondidas
en la búsqueda del algún motivo
para clasificar la fechoría.
Ya no.
Ya lo tengo todo claro:
las calles
sujetas al mástil del
odio
envejecerán en la ruina
y yo
-para entonces-
-para entonces-
me habré ido.

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