MI ROSTRO
Mi rostro es un muro.
Lo espolvoreo de talco,
lo lavo;
lo dejo morir surcado de
coleópteros.
Y sigue siendo un muro.
Mi rostro es una nada
hecha de la carencia de
miradas,
del idioma incoherente
con el que nos
despedazamos,
un humo, el vuelo de una
mosca.
Mi rostro es una piedra.
Cuando mi rostro es de
agua
las sonrisas me saludan
como pájaros.
Pero el agua pasa
y mi rostro es entonces
de aire,
y sólo saben de él las
hojas rotas
que se caen al polvo.
Mi rostro es un hueco
y no puedo quitármelo.
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