ESCENA DE UN JOVEN AL QUE
VAN A MATAR
_Dime pronto tu crimen
para inscribirte en la
lista de los mutilados.
_Tengo veinte años.
_Ya todos los pecados
viejos se han gastado;
en verdad que tienes el
nuevo pecado.
_Tengo veinte años.
He bailado por cobres y
por motores.
He sido con mi sangre
el eco de todas las
palabras.
Brinqué entre los
fustazos;
salté en las metralletas,
grité por las calzadas,
y me vestí con una piel
de mico
que se puso de moda en
los escaparates.
Me estaba desangrando.
Me salía la angustia del
gaznate
como una lombriz sin cola
interminable.
Con mis ojos buscaba los
panales silvestres
y me entregaban con
emulsión de muertos.
Supliqué amor,
y me echaron una lasca de
carne en la cara.
Y todos hablaban por
todas partes.
El piso, las paredes, aún
los techos
estaban llenos de
escupitajos ácidos.
_Nadie te preguntó tu
descargo.
Bien podrías haber
obedecido.
_Me golpeaba la aorta
una médula espesa y
afiebrada.
Quería huir, no sabía ni
a dónde.
El cielo era un snob de propagandas:
la tierra era un fangal
ensangrentado;
el aire, bióxido de
carbono.
No dejaron más que un
hueco abierto.
Un reloj reventado.
Un puñal imantado
y un poco de meprobamato.
_Es horrible. Con lo que
hemos hecho por él.
Tiene todos los rasgos…
es un caso perdido.
_Oídlo, oídlo todos los
sordos del mundo;
oídlo todas las piedras y
los árboles del bosque;
oídlo, arcángeles del
aire,
oídlo y hacedlo oír a
quien no desdiga.
Tengo veinte años.
Veinte triturables años.
Veinte palomas asaetadas
en el pecho.
¡Veinte, ay, veinte años!
_Incorregible,
hay que fusilarlo.
1 de noviembre de 1969
(lo fusilaron el 30 de
octubre)
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