¿Cómo
destrozar la crisálida
que en
mi otoño habita?
¿Cuándo
despilfarrar la pasión
que
devora esta simiente?
Sus
ijares revientan las zarzas
en el
estruendo del vacío.
No voy
a pedir
que el
lagarto amenace el silencio
ni que
la sanguijuela se ciña a mi alarido
para
levantarte una canción
en la
piedra más antigua.
Habrá
quien no comprenda cómo es posible
que al
ardor de tu entraña todo se pudra.
Gaia,
te comerás mis ojos
y aun
así, te seguiré buscando.
(imagen tomada de la red)

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