No
renuncies al leopardo
ni al
coyote.
No
dejes de sufrirte en la rodilla
de la
Ciudad Eterna
o en
las marchitas estaciones.
No
vayas a consentir
que la
guillotina
arrebate
tu dolor de aguja.
Las
encinas duermen
a
remolque de los astros
mientras
nosotros andamos
entre
revoltijos de convicción

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