domingo, 6 de septiembre de 2026

DIARIO DE CUBA - El negocio de la escasez en Cuba

El negocio de la escasez en Cuba: el caso de Ramón Carretero

El empresario panameño hizo negocios millonarios en un mercado cautivo controlado por el Estado cubano. Estas son las claves de una investigación de DIARIO DE CUBA.

 
Ilustración.
Ilustración de Sebastián Angresano

La escasez suele ser un problema a resolver. En Cuba, sin embargo, se ha convertido en una condición permanente, integrada al funcionamiento del propio sistema económico. La última investigación realizada por DIARIO DE CUBA, junto al Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP), Armando.Info, Transparencia Venezuela y La Prensa, reconstruye las operaciones de una red empresarial que permite observar cómo la falta de bienes, combinada con el control del acceso al mercado, crea oportunidades para la captura de valor.

Miles de registros aduaneros, documentos societarios y operaciones comerciales permitieron seguir el recorrido de mercancías desde China y Turquía hasta Cuba, con la mediación de empresas vinculadas al empresario panameño Ramón Carretero, sancionado por Estados Unidos por su participación en una red relacionada con el comercio internacional de petróleo venezolano.

Entre 2021 y 2025, las compañías de Carretero realizaron ventas por más de 11 millones de dólares a una docena de sectores estratégicos de la economía cubana. En numerosos casos, las mercancías pasaron por intermediarios en Panamá antes de llegar a empresas estatales de la Isla. Los registros analizados muestran sobreprecios de hasta el 300% y, en operaciones concretas con vehículos y maquinaria, aumentos cercanos al 50% entre la entrada de los productos en Panamá y su reexportación a Cuba.

El transporte, los seguros, el almacenamiento, la financiación y otros gastos pueden explicar parte del incremento del precio final. Pero la reiteración de las mismas empresas, proveedores y rutas comerciales revela algo más importante: una estructura estable de intermediación que opera en un mercado sin competencia efectiva.

Ese es un punto esencial. Cuba no dispone de un mercado abierto en el que múltiples proveedores compitan en igualdad de condiciones. Durante décadas, el Gobierno ha restringido la importación directa y concentrado buena parte del comercio exterior en entidades autorizadas. Las divisas, las licencias y los canales de abastecimiento de sectores estratégicos permanecen bajo control estatal. El resultado es un mercado cautivo, con alternativas limitadas para satisfacer la demanda y una posición privilegiada para quienes consiguen acceso a esos canales.

En ese contexto, la investigación Ramón Carretero y el negocio de la escasez en Cuba documenta una red en la que la reiteración de operadores, relaciones societarias y circuitos comerciales permite identificar una arquitectura estable de intermediación entre proveedores extranjeros, empresas privadas y estructuras estatales cubanas.

La escasez no tiene que haber sido diseñada para producir beneficios para que pueda convertirse en fuente de ellos. Cuando a la falta de bienes se suman restricciones de acceso, ausencia de competencia y una demanda que no puede acudir a otros proveedores, quienes ocupan posiciones privilegiadas dentro de la cadena de abastecimiento adquieren una extraordinaria capacidad para capturar valor. Eso es precisamente lo que permite observar la red reconstruida por esta investigación.

Las plataformas digitales dirigidas a la diáspora cubana constituyen el último eslabón de esa cadena. Su importancia reside en que separan el lugar donde se realiza el pago del lugar donde se consume la mercancía: familiares en el extranjero pagan en divisas y con tarjetas internacionales por productos que son entregados dentro de Cuba. De esa manera, la necesidad de abastecimiento de las familias cubanas se convierte también en una fuente de ingresos en moneda extranjera.

El caso de Connus Shop es ilustrativo. La plataforma vendía alimentos, productos de higiene y otros bienes de consumo que podían ser adquiridos desde el extranjero para su entrega en la Isla. Su catálogo incluía mercancías importadas a través de la misma red comercial investigada e incluso vehículos de la marca Rali. El modelo conectaba así proveedores internacionales, intermediarios, almacenamiento y distribución dentro de Cuba con una fuente de pago situada fuera del país.

Este mecanismo adquiere especial relevancia en la evolución reciente del modelo cubano. Durante décadas, Cuba dependió del respaldo de aliados externos, primero la Unión Soviética y posteriormente Venezuela. Posteriormente, el crecimiento de los mercados dolarizados y de las plataformas orientadas a la diáspora añadió otra vía para captar divisas sin necesidad de liberalizar plenamente el acceso al mercado interno. La escasez, lejos de desaparecer, pasó a ser monetizada dentro de ese esquema.

La investigación permite observar así una transformación que las estadísticas tradicionales no siempre muestran. El análisis de la economía cubana suele concentrarse en cuánto produce el país, cuánto importa, cómo evoluciona el PIB o por qué escasean determinados bienes. Pero existe otra pregunta igualmente importante: quién controla el acceso a esos bienes, quién puede participar en su importación y comercialización y quién captura el valor generado entre el origen de una mercancía y su llegada al consumidor.

La red de intermediación, triangulación y sobreprecios vinculada a Ramón Carretero ayuda a responder esas preguntas. En la Cuba actual, la escasez no solo reduce el consumo y deteriora el bienestar. Combinada con el control del mercado y la ausencia de competencia efectiva, también concentra poder económico y abre espacios de beneficio para quienes ocupan posiciones privilegiadas en la cadena de abastecimiento. Y una parte de ese beneficio termina financiada desde fuera de la Isla por las propias familias cubanas.

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