Cuando
Virgilio Perera saltó por el balcón
de la
Unión Árabe de mi país
su cabeza
perdió todas las rosas.
Dijeron
que estaba ebrio y deprimido
que era un
saco de huesos y nicotina.
Pero yo
que en la
retina guardé su cráneo
-hecho
añicos-
puedo
asegurar que estaba lleno de abriles
y frondas que ninguno
quiso ver.
Cuando a
Virgilio Perera…
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