Autor: Daniel Acevedo, Medellín-Colombia, 1986
LA
DANZA DE LOS ESPEJOS
En
la colina sinuosa de Salamina
van
rodando los espejos
unos,
lentos, disfrutan el ritmo de las sacudidas
otros,
con más prisa,
caen,
danzan y aceleran
como
torpedos en el Báltico
Ruedan,
ruedan los espejos
como
planetas por fuera de su eje
como
canicas bajo la lluvia
Ruedan,
ruedan los espejos
con
el recuerdo del último rostro
y
los cuerpos que desaparecen
Ruedan
como protesta
contra
la imposibilidad del desdoblamiento
un
grito sale de sus grietas vidriosas
“Soy
yo”
“Existo”
“Mis
dedos son callosos y respiro el mismo aire”
“No
soy tu reflejo”
Ruedan,
ruedan los espejos
sin
saber que habitan la ilusión del movimiento
Ruedan,
ruedan los espejos
caminan
los senderos de los hombres
y
se estallan, como caracoles salinos
al
llegar al pavimento
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