AQUÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

domingo, 22 de abril de 2012

NATURALEZA MUERTA EN COMUNIÓN CON ALGUIEN QUE SOY YO

Y preguntas por qué repican las campanas… Porque tengo una cruz en el costado. Una melodía en la ventana dice que el cielo, que el arrecife, que soy la medusa abandonada por las aguas… Acaso un acorde seduce a los espectros y me canta el último naipe o la azucena que olvidé a los pies de la eternidad. Padezco el síndrome de la ausencia. ¡Oh, magníficas crueldades! Cómo domar al potro que patea dentro. Cómo esculpir la realidad, los años, el destino… Mi adarga no lleva venganza pero está cargada de vergüenza. No tiene sexo. Krishna me dio su flauta para llamar a los íntimos profetas. Vivimos en la eternidad y en retroceso. Alguien lanza sus dados en mi vientre… Hay que apostar al Hijo… Quién puede santificar la semilla. Quién puede. Qué hombre del más allá todavía. Qué sueño. He violado el mandamiento… Cómo definirme. Orgía: ¡dulce maldición! Puedo caer en la trampa y sobrevivir. Mi isla es un cristal fracturado en la entraña. Soy mil pedazos… Vamos a cabalgar por las estrellas y ver qué pasa… Vamos a sumarnos a nosotros mismos, a repartir nuestra lujuria… A quién puedo importar si mi brújula siempre marca el sur. Soy la saeta de Cupido clavada en el centro del ojo universal o la demora… Simplemente, a quién puedo importar. Lanza tu plegaria desde mi ombligo si pago con mi cuerpo alguna puesta de sol que ya han matado. Por mi sangre un barco paranoico surca el horizonte… La risa mordió mi soledad y a quién importa. A quién voy a parir entre los dedos… Sólo el canto en la ventana es mi identidad… Soy Sor Juana a mitad del telescopio. Soy la ira y merodeo los infartos… Acude a mí si eres gaviota, crucifijo que atropella el dolor, Espíritu Santo que inunda la poesía cuando el pecado fornica en la sombra… Puedo regresarte las espadas y también los duendes. Puedo… Este es el infinito, tiempo, destiempo, el instante y las campanas, pero las campanas ya no doblan por mí.

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