X
No puedes seguir escupiendo fantasías
en la planicie encantada
donde suspiro entre abejorros
y riego el madrigal de
la esperanza.
-¡Trota
caballito por mis dedos!-
No hagas que envejezca entre las
crines.
No debes ensillar más la pantalla
y salir a galopar entre nubes
cuando abajo está la encrucijada.
XI
El vértigo sobrevuela los andamios
rompe mi cráneo en la ojera
de aquel hombre
-ficticio-
que late en cada órgano vital
de la literatura.
El vértigo sobrevuela los silencios
como un pacto
como una patada
en la espesura del universo.
El vértigo –casi ornamental-
de aquel hombre con su próstata
alienígena
en los bucles de la noche
me vomita.


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