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PARA ELLOS: LOS
PULCRÍSIMOS
Muchos dicen que
la poesía ha de ser bella
que necesita de
rosas y perfume
y galácticas ceremonias
que su ritual de
colmena
ha de posarse en los
labios dulces de la vida.
Yo pregunto
-sin que sirva de
precedente-
qué hay de esos
niños de África
sedientos
qué hay del obrero
al que se le saltan los ojos y la suela
del zapato
qué hay de tanto
hospital derruido
y de tanto
ahorcado en el párpado de la noche.
Yo pregunto
-sin que sirva
de precedente-
por qué la poesía
ha de ser censurada
cuando destila
océanos de sangre.
Yo me pregunto si
la rabia
no es la metáfora
perfecta para definirnos
ante la pulcritud
de la indiferencia.
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