El primer deber de un maestro es servir a la comunidad inculcando en sus alumnos concordia, amor y respeto. El maestro no debe impartir doctrinas que dividan ni tolerar, siquiera, un ápice de odio entre los niños y adolescentes. Ese jamás será maestro: es marioneta y se convierte en verdugo de la libertad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario