jueves, 5 de octubre de 2017

REFLEXIONANDO TRAS EL ACOSO A LOS HIJOS DE POLICÍAS Y GUARDIAS CIVILES DESPUÉS DEL 1-O

El primer deber de un maestro es servir a la comunidad inculcando en sus alumnos concordia, amor y respeto. El maestro no debe impartir doctrinas que dividan ni tolerar, siquiera, un ápice de odio entre los niños y adolescentes. Ese jamás será maestro: es marioneta y se convierte en verdugo de la libertad. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario