III
no soy el abad ni el clérigo
sujeto a órdenes doctrinales
con la fe del crucifijo
ardiente
en el bolsillo.
el santo padre ajusta nuestra cuerda
frente al gran manjar de la codicia.
no tengo dádivas
ni odas que intercedan por mi suerte
tras el IV concilio de letrán.
sólo cuento con mis ojos
-tibia polvaredaque
se niegan a ver.
no estuve en tierra santa
después de mi pedazo de barrio.
EN EL NOMBRE DE DIOS
me han sacado los dientes.
no pude recibir indulgencia
por mi bocado de luto
ni escribir en las paredes
con otra tinta que no fuera mi sangre.
no soy el abad ni el clérigo
sujeto a órdenes doctrinales
con la fe del crucifijo
ardiente
en el bolsillo.
el santo padre ajusta nuestra cuerda
frente al gran manjar de la codicia.
no tengo dádivas
ni odas que intercedan por mi suerte
tras el IV concilio de letrán.
sólo cuento con mis ojos
-tibia polvaredaque
se niegan a ver.
no estuve en tierra santa
después de mi pedazo de barrio.
EN EL NOMBRE DE DIOS
me han sacado los dientes.
no pude recibir indulgencia
por mi bocado de luto
ni escribir en las paredes
con otra tinta que no fuera mi sangre.
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