Hay tanta armonía que me compadezco
y me quito los ojos para no ver
mientras los convierto en talismanes.
Amanece el paraíso
cuando soy la oveja cornuda y poco visible.
Ya sé que subastar el alma nos cuesta el
esputo
y que la prudencia sirve de barrera
cuando el aplauso es menos cálido:
“que salte
que
salte de la horca”
Piedra filosofal frente al candil
es la manía de mascar un sorbo de café
empeñado en mi neurosis
es la ilusión sin dueño que nos convierte
en idiotas
para jugar a quién da más
quién da menos
quién le tiene miedo al lobo
miedo
al lobo…
miedo al presagio de tener miedo...
Yo
mientras
escribo que te amo desde la guarida
y soy uno más de la manada.
MDenis©credodelospoetasalucinados

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