Todo lugar espera por mí:
la casa, el barrio, el museo de armas, algún sexo inoportuno, un poema
tibiamente insólito… Están todas las puertas, menos el mar. Tras él hay unos
ojos en comunión con la noche, un magnífico conglomerado de estrellas para mis
ruinas... He de seguir coleccionando piedras o trampas para el corazón y la memoria…
Quizás la nieve comienza a tocar mi raciocinio o alguna melodía. Sigo a la
diestra del abismo y enlazo cada minuto que dejé atrás con el paso del eterno
tren y otros besos, mientras la dulce claridad de su pupila es mi ceguera… Recuerdo
sus mariposas en el lecho; el pálpito de la sed en medio de una noche ebria; morir
en sus brazos y redimir el último manifiesto de mi amor. ¡Todo lugar me espera
ahora! Ya no es por ejemplo: Piazzale Michelangelo, il tramonto… Es el Muelle
de Luz en la Habana Vieja ,
Mezquita de Córdoba o Ramblas de las Flores donde seré la virgen de cera para
recordar nuestra historia… ¡Todo lugar será nuestro! El mundo ya no es el mundo:
¡es la otra parte! Ya no seré la mujer que reposa en sus papeles, ni siquiera
la devota… Soy el fantasma de mi propio espectro y no consigo repartir pan ni
vino. La ausencia de mi mansedumbre está aquí, preparando el equipaje con su
estoque final en la palabra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario