domingo, 29 de abril de 2018

POESÍA DE LA BITÁCORA IV


Todos los caminos conducen a la poesía
y no necesito hidalgos que me protejan.
Me diluvian razones para proseguir
sobre la espalda de la locura
en búsqueda del arca que atraviese la existencia.
Hay días en que la jauría es saludable.
-¡Que ladre, que ladre hasta que enmudezca!-
Tú también pones la saliva.
Mírate al espejo y reflexiona si necesitas recompensa.
No quieras ser más de lo que eres
porque tu riqueza es tu humildad.
A ella vendrán los verdaderos amigos.
Los otros, los que nunca fueron, algún día se irán.
El tiempo cerrará la puerta
y por ella no pasarán el ingrato, el oscuro ni el sumiso.
En plato propio
el envidioso es el arácnido que escupe su ponzoña
y de la desgracia elegida nunca podrá escapar.
El laberíntico destino está trazado:
bloquea las bondades, pone grilletes a los sueños…
Siempre el mal acecha a tu cabeza
y a veces llega vestido de cordero o de hada, -que es peor-.
Defiende tu razón, que es tu diamante
y a tu locura, que es más cuerda
porque al necio le es dado imponer su voluntad
hasta el mar del desencanto
donde lágrima a lágrima se naufraga
para hacernos cómplices de la conformidad.
¿Seremos deudores de la paciencia?
Sólo queda el amor contra todo pronóstico.
Las agudas osadías para enfrentarnos al universo
nos colman de dicha si duelen las llagas.
Aunque nos sangren las palabras debemos continuar
con todas las consecuencias sobre el hombro
pues no hay coraje mayor que dar la cara
y cambiar el mundo, tu mundo, que aburrido se hace
cabalgando en las musarañas.
Busca un nuevo destino si quieres ganar el pulso a las calles
alejado de buitres y pirañas
porque quien mal obra, mal termina
si no es en una cuneta, rodeado de heces acaba.
No desvíes el sendero de los justos
y, si dudas, haz de un buen libro tu morada.

MDenis©poesíasobregraffiti

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