No sé si la tierra o la luna
marchitan
como pétalos de lluvia en esta
página
cubierta de
relámpagos.
Ignoro si un poema es
suficiente
para revestir la sepultura de
los inmortales
que
habitan el eco de la noche
pero de aquí se despeñan las
palabras.
Ellas mecen tus cantos en La
Habana
y merodean la ciudad
deforme del recuerdo.
Federico, ¡soy tan poco!
Apenas un palmo de orgullo
entre las raíces del sol
brota del verso que milita
en la indolencia
como aquelarre de piedras y
cipreses
a
mansalva de los dioses.
Intento hacer rimas que se parezcan
a ti
en este minuto de mieles
inseguras
decir algo similar a tu
corazón
algo
como los rascacielos
o esos niños de Brooklyn
pisoteados...
Todo se transforma en
candelabro y en higuera
o ángel sofocado en las
entrañas:
prefiero pensar que tu alma
en las fibras de una rosa
perfuma, Lorca, y cabalga
antojos de mariposa.
Quiero lancear estos papeles
en coartadas de otoño.
La Alhambra mueve mis
guijarros
entre pañuelos de angustia
y llevo seca la garganta hacia
las ojivas del tiempo
donde hamacas de la muerte nos
columpian.
Tus pasos se han plantado
entre las hojas.
Atraviesan mis arcos de mujer
fría
donde el musgo reverdece.
Dos
somos dos partículas de
distancia
acariciadas por el viento de
veinte siglos
sobre
el pasto de la nieve.
Dos gotas de rocío.
Dos cadáveres y sus
respectivas consecuencias.
Almas que parten y regresan
tomadas de la mano
en romanceros y semilla.
Tus pasos saltan tras el óvalo
de la alborada
y tus alas, ¡ah!
tus alas persiguen esa luna
deshojada
que rebota en los cristales.
Esos ojos de tierra, tan callados
ese amor en la cumbre, misterioso
a poemas humildes van ligados
como
fruto vital de árbol hermoso.
Si oscuro es tu soneto, delicioso
lo es, también, el estar enamorados
la Viña del
Señor y el armonioso
deleite de las flores, liberados.
Te rompieron los sueños aquel día
verdugos del
demonio que hoy regresan
con falso patriotismo y osadía
panteón ornamentado donde rezan
vil patraña, ceguera y
cobardía:
insaciables serpientes que bostezan.
Federico,
¿cómo quitarnos el amor de
entre las manos
si una bala atraviesa nuestros
besos?
La palidez del alba retoma los
helechos
en fragilidad de espuma
cuando la niebla respira por
los poros de Granada
donde tu sangre
aún entona el ardor de la
vida.
¿Dónde está la culpa?
¿En cuál ángulo del silencio
se emancipa
el hombre
y podremos tendernos a robar
estrellas?
Federico
Rojo
Federico
Maricón
por ambas travesías arponearon
tus cascadas.
¿Dónde se pudren tus huesos
destinados al Nobel Infinito?
Federico, danos la paz del
guerrero
que aprieta el gatillo y
dispara rosas
verbo puro
y ruiseñores.
¿Sabes?
Dos tiros te hicieron inmortal
aquella madrugada de agosto
cuando quisieron rompernos la
poesía.
MDenis©cantaresaLorca
Me gusta mucho este poema a García Lorca! Verdegales de sustantivo y verbo!! Amor y odio en laberintos poéticos! Mi admiración por Marlene y mis cordiales saludos. Raquel Daniele.
ResponderEliminarEstimada Raquel, este es uno de mis poemas que más amo... Muchas gracias!!!
EliminarFuerte abrazo!