Autora: María Iluminada González
CRÓNICA PARA UN ENCUENTRO (fragmento)
Todo está igual menos el triste
que conjuraba fantasmas con violín
_su ausencia pone una nota
más triste aún que su música.
Y en la memoria él como un resplandor
un poco de miedo un cuchillo al filo del silencio
dividiendo las sombras matando los temores.
Y en la memoria ella como un monte de ternuras
antiguas indetenibles
para beber la suerte de estar así
de espaldas al tiempo.
Y en los ojos los dos
un humo azul
las manos ahogadas de sudor
un avión que rompe la noche camino a las estrellas.
No hay nada que elegir. Estaba escrito.
La tierra seguirá su baile hasta la muerte
o hacia la luz.
Pero ellos han vuelto a sus orígenes.
Qué importan después
las promesas
los gemidos que fluyeron desnudos
del madrigal sin cauce de sus piernas.
Aquí están un hombre y una mujer y la lluvia
siempre la lluvia
chorreando esperma de otra galaxia
con su gran campana de cristal.
Pueden volverse:
el viento arrastrará sus nombres por las calles
y este lugar que engendró la eternidad
volverá a abrir su boca.
Entonces ellos
el fuego el verso el vino la cordura
dibujarán un río
sobre el agua.
CRÓNICA PARA UN ENCUENTRO (fragmento)
Todo está igual menos el triste
que conjuraba fantasmas con violín
_su ausencia pone una nota
más triste aún que su música.
Y en la memoria él como un resplandor
un poco de miedo un cuchillo al filo del silencio
dividiendo las sombras matando los temores.
Y en la memoria ella como un monte de ternuras
antiguas indetenibles
para beber la suerte de estar así
de espaldas al tiempo.
Y en los ojos los dos
un humo azul
las manos ahogadas de sudor
un avión que rompe la noche camino a las estrellas.
No hay nada que elegir. Estaba escrito.
La tierra seguirá su baile hasta la muerte
o hacia la luz.
Pero ellos han vuelto a sus orígenes.
Qué importan después
las promesas
los gemidos que fluyeron desnudos
del madrigal sin cauce de sus piernas.
Aquí están un hombre y una mujer y la lluvia
siempre la lluvia
chorreando esperma de otra galaxia
con su gran campana de cristal.
Pueden volverse:
el viento arrastrará sus nombres por las calles
y este lugar que engendró la eternidad
volverá a abrir su boca.
Entonces ellos
el fuego el verso el vino la cordura
dibujarán un río
sobre el agua.
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