Autor: Aramís Quintero, Matanzas, 1948
UNA NOCHE TE DIJE QUE ME SENTÍA EXTRAÑO, como si percibiera más la noche, con los sentidos más abiertos. Y que eras una nueva muchacha, recientemente conocida, a la que aún no había amado. La misma, pero nueva; familiar, pero intacta. No teníamos sitio donde estar, nos conocíamos apenas y te amaba con la misma frescura de la noche.
Y otra noche te dije que me sentía ajeno, lejos de ti. Me hallé distante de mí mismo, cerca de nadie y triste. Dos noches de mi vida, dos momentos que yo puse en tus manos perfectas. Aquel, en lo más alto y transparente, cerca del aire, con la visión distante y maravillada del mar. El otro junto al agua, junto al fragor turbio del agua y el olor penetrante de la resaca. Dos momentos que tú sabrás tener en tus manos.
UNA NOCHE TE DIJE QUE ME SENTÍA EXTRAÑO, como si percibiera más la noche, con los sentidos más abiertos. Y que eras una nueva muchacha, recientemente conocida, a la que aún no había amado. La misma, pero nueva; familiar, pero intacta. No teníamos sitio donde estar, nos conocíamos apenas y te amaba con la misma frescura de la noche.
Y otra noche te dije que me sentía ajeno, lejos de ti. Me hallé distante de mí mismo, cerca de nadie y triste. Dos noches de mi vida, dos momentos que yo puse en tus manos perfectas. Aquel, en lo más alto y transparente, cerca del aire, con la visión distante y maravillada del mar. El otro junto al agua, junto al fragor turbio del agua y el olor penetrante de la resaca. Dos momentos que tú sabrás tener en tus manos.
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