El viento tremola en la mano
mientras me enredo en los cabellos de la
noche
y quiero arreglar las averías de mi alma.
Nadie escupe el color de la calle.
Solo yo lo hago con la sombra
en mi costumbre de náufrago
que se ahoga en su botella de distancia:
¡venid tábanos fieros
venid chacales!
Una espada destella en mis pezones
en medio de la orfandad.
Desde mis venas alguien ha perdido el rumbo.
¡Ya sabemos lo que cuesta un puñado de
polvo!
MDenis®BAJOELCIELODELEXILIO
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