MANUEL VÁZQUEZ PORTAL, Morón, 1951
En marzo de 2003, el gobierno cubano lanzó una ofensiva general (más tarde llamada "Primavera Negra" ) contra los disidentes, incluidos varios periodistas. Setenta y cinco personas fueron finalmente arrestadas, incluido Manuel Vázquez Portal. El 4 de abril de 2004, fue sentenciado a 18 años de prisión por "poner en peligro la independencia de Cuba" a través de sus artículos y sus reuniones con funcionarios estadounidenses.
(fragmento de entrevista en cubaencuentro.com)
¿Por qué decidió vivir fuera de su país?
Manuel Vázquez Portal: Yo no lo decidí. Me quedé sin país. Me lo quitaron. O, por lo menos, me quitaron el país que yo soñaba tener. Un día quise describirlo con sus joyas y sus harapos y me lo prohibieron. Lo hice sin permiso y entonces intentaron impedirme la voz. Perdí el sentido de pertenencia y quise reinventar un país donde la voz no fuera una culpa. Vino el castigo. Fui un inexistente. Vagué. Vagué por un delirio que querían imponer como realidad. Vagué por una realidad que se obstinaban en negar. Vagué por el miedo, por la incertidumbre, por la soledad. Vagué por el hambre, por la insalubridad, por el silencio impuesto. Vagué por las fugas de gente amada, por las penurias de gente sin aliento ni esperanzas, por los riesgos de inocentes que debían delinquir a diario para no desvanecerse de pobreza. Vagué por una ensoñación que me llevó a la cárcel. Vagué y vago porque no tengo país. El lugar donde nací es un pasado que se empeña en permanecer y nos convierte en ciudadanos errantes. Y eso soy, quizás somos todos los cubanos, unos caminantes sin serventías propias porque nos robaron todos los senderos.
Alguna que otra vez hay que
morirse,
lograr la impavidez de los glaciales,
saber que los sucesos son iguales,
y a los dioses les basta con reírse.
Alguna que otra vez hay que
sentirse
como esos mismos dioses, tan iguales
de fríos, de ajenos, de inmorales.
Alguna que otra vez hay que
erigirse
sobre la fetidez, el asco, las traiciones
y desdeñar ensueños y pasiones
sin el menor dolor, sin compromiso.
Alguna que otra vez darle
permiso
a la bestia que somos en el
fondo
y dormir como un ángel en lo hondo.
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