Cada mañana
mamá teje con su
lágrima el encanto
de una fe ciega con
sabor a alpiste.
Me alzo después de
hacer el amor
(o de no hacerlo)
y voy por la colada
más tierna del mundo
de un café que convide
a un cigarrillo
para clavar su rencor
en mi enfisema.
Cada mañana
descuartizo con mis
manos muertas
cierta musa.
MDenis-exilio

No hay comentarios:
Publicar un comentario