Soy negra.
Tengo las manos negras
los cabellos negros
los ojos negros
y estoy viva.
Así lo declara la evidencia
de la blancura de mi sangre
y el colapso de un poema
que a media
asta
me lanza
a los leones.
Soy negra
y no culpo a Colón de mis atrofias
pero sí a la supremacía de los estúpidos.
Soy negra
y me siento alada por la mano de Dios
y desdeñada por los ladridos de la jauría
que calla
cuando ha de enfurecer
y repliega sus matices cuando debe quitarse la ceguera.
Soy negra, sí
y sudo
y babeo algunos monosílabos
y repudio los jardines siniestros de lo humano.
Soy negra, sí
y tengo un lucero asesino atravesado en la garganta
por aquellos “Tres Negritos”
fusilados por nada hacer
tras juicios sumarísimos en mi patria.
Soy negra, sí
y disuelvo mi blancura
y la esparzo
y la incinero en la opacidad de los decretos.
Soy un trozo de Luisma
y de Maykel
y de Silverio…
un trozo enorme de mi barrio
oscuramente
pero
mío
lejanamente
pero
aquí.
Soy negra, sí
y soy un cisne
y terriblemente cruenta
ante la mugre del culto a Fidel Castro
colgado de las ruinas.
Soy negra, sí
negrísima
negrisísima
y me levanto
desnuda
como ébano enraizado en la
colina
donde los tontos escupen la puesta de sol.

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