sábado, 21 de noviembre de 2020

EL LUPANAR AMURALLADO - RAMÓN MUÑOZ YANES



Ramón Muñoz Yanes 

4rtS ohpoonesorded · 

 El lupanar amurallado. 


La Habana como toda ciudad que se respete, tuvo sus putas e incluso algunas muy célebres. La prostitución es un oficio antiquísimo y ejercido de diversas maneras, basado todo en el cobro de un peaje por la simple fruición sexual, aunque hay una variante sórdida, endiabladamente vil y que es la prostitución de los principios, en la que los nativos de la mayor de Las Antillas, somos verdaderos expertos. Esa mezcla perversa de una sexualidad de la ética, de una moral con efluvios seminales, es la causa fundamental de que nuestra historia esté bañada en sangre, desde que nacimos como nación el 20 de mayo de 1902. Cuba es una isla feraz en delatores, con la vileza trepando por las paredes de cada edificación institucional y más aún en la capital del país, esa especie de ciudad semillero donde la malicia es absolutamente ubérrima. La Habana es una urbe menopáusica, con demasiados huracanes que le han desgarrado las entrañas, experta en el disimulo. Ahora mismo, en la capital cubana se muestran los extremos de la ciudadanía, el día y la noche de lo que debió ser una república noble y culta. Por un lado, el Movimiento San Isidro, un amanecer tenue pero con todo el potencial de convertirse en ejemplo y en chispa de todo lo merecido y necesario, pero que me inspira y me aterra a la vez, porque estoy aburrido de que me fusilen las esperanzas. No quiero ser testigo de la banalización de las huelgas de hambre, como ha sucedido en otras ocasiones y que nos dieron un podio olímpico en días de espalda al caldero, con un protagonista de cuyo nombre no quiero acordarme. Declarar la huelga de hambre, tiene dos caminos, el martirologio o el ridículo. Ahora tiemblo, me quiere arrastrar el pesimismo, el hábito de fracasar en sueños libertarios, pero resisto y veo en San Isidro, el tierno amanecer que por juvenil y ajeno a compromisos, creo que serán capaces de la difícil tarea de amamantar el sueño de un país justo, para un pueblo genuflexo. Dios me los bendiga. Por otro lado, el anverso vil del aeropuerto de Rancho Boyeros, con sus putas nativas, perfumadas de esencias floridanas y los dineros de sus atracos al fisco estadounidense. Envejecer en Cuba cicatriza la juventud con arrugas que generan simpatía, envejecer en el exterior remarca una vileza maquillada, escondida como ese hedor de quien mira al otro lado, cuando se inmuniza ante el sufrimiento de su pueblo. En San Isidro se vislumbra el amanecer, en Rancho Boyeros desfila la vileza bípeda, la náusea, el listillo con aspecto de meretriz experta en la felación ideológica, el engendro de una revolución prostituida, el non plus ultra del hijo puta, el crepúsculo de un sistema que debe morir por asfixia. Ayer escuchaba los gritos desgarradores de una joven en huelga de hambre en San Isidro, a quien las fuerzas represivas impidieron que su madre, se despidiera de la hija ofreciéndose al martirio. Temblé de ira. Me saco toda la confianza que me queda en los bolsillos y se la regalo a estos jóvenes. R.Muñoz. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario