"Las olas eran inmensas, el mar se puso negro, había mucha corriente". Así contó a la televisión de Miami Yudeimi Rodríguez la terrible travesía desde Cuba en la que su hijo menor, de once meses, murió. Su esposo, su hija y ella huían de la Isla junto a otros dos cubanos en una balsa que reventó. Además del bebé, falleció otro de los migrantes y el resto quedó a la deriva durante cuatro días. El grupo abandonó la Isla el 30 de octubre y ahora sobrevive con la ayuda de la organización religiosa Hermanos de la Calle y el cubano Manuel Milanés. Los índices de mendicidad en la Isla se han disparado. Si antes solo se veía pedir en las calles a hombres mayores, generalmente alcohólicos, ahora también lo hacen mujeres, discapacitados, enfermos psiquiátricos, adolescentes y niños. Aunque muchos de ellos viven en las calles y duermen en los portales o arrinconados en un edificio ruinoso, otros piden "por oficio". Se colocan en avenidas céntricas e interpelan no sólo a turistas, sino también a cubanos. Sin embargo, a ojos del Gobierno, la pobreza extrema no existe. Artistas callejeros, adivinos, mendigos, especialistas en el tarot y la lectura de manos, santeros, pagadores de promesas y carteristas. La Habana Vieja siempre está en ebullición y quienes viven en ella tienen que ganarse el pan con cualquier oficio. El talento, la picardía y la gracia criolla son, en medio de la pobreza generalizada del país, las únicas herramientas disponibles para irse a casa con un poco de dinero en el bolsillo. Allí está Víctor, un joven silencioso, oculto tras las bambalinas en miniatura de su Galería Morionet, que arranca una sonrisa a los cubanos en medio de la pobreza. ¿Cuánta gente hay que matar?, las décimas de Alexis Romay de cada semana están dedicadas a la lancha embestida por los guardafronteras. "¿Cuánta gente hay que matar?/ ¿Cuánta violencia impensable/ perpetrará la execrable/ dictadura militar/ que ha embestido en alta mar/ a una embarcación que huía/ del castrismo y su manía/ de cultivar el terror/ con un cuerpo represor/ que mata a la luz del día?". "Disentir del Gobierno actual no me sitúa automáticamente con el resto de los opositores. La vida es más compleja y extraña que un programa o una declaración. Me aburren los desfiles comunistas tanto como el cubaneo aguerrido y chusma. Son dos extremos del mismo mal, el despiste de quien necesita un catecismo, unas instrucciones que le digan qué pensar. Lo más triste es que los veo venir. Un día, en ese país tan adolorido, habrá democracia, libertad de prensa y tal. Y los que hoy demandan una posición maniquea del periodista, exigirán mañana fidelidad como si hablaran con el viejo aparato de prensa socialista", un texto de Xavier Carbonell sobre los sinsabores del periodismo. |
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