La calle Obispo de La Habana se ha convertido en el epicentro de un fenómeno desconocido hasta ahora en Cuba. Los turistas la han invadido hasta el punto de complicar la vida a sus residentes. Precios más caros en las tiendas, mendigos pidiendo a la espera de que un extranjero les dé una moneda, falta de vecinos con los que conversar y ayudarse o tiendas tradicionales que se van. "Allí el hotel Florida, del lado de acá la Cadeca, más adelante una tienda del Estado y después una cafetería. Vivir lo que es vivir, aquí no vive nadie". Desde el pasado 20 de enero, la “tierra de la libertad” se ha convertido, por obra y gracia de Donald Trump, en el reino de la incertidumbre. Algunos tienen confianza en que el republicano, tarde o temprano, reconocerá a los suyos; otros no quieren ni imaginar cómo será un hipotético retorno a la orilla que dejaron atrás. “Prefiero que nos deporten para cualquier lugar, pero no para Cuba”, nos dijeron algunos con los que hablamos. Después de diez días de “licencia administrativa”, los trabajadores de Radio y TV Martí han vuelto a sus empleos. No así los colaboradores, cuyo despido se haría efectivo el día 31 de este mes. Aunque se han reanudado las emisiones y la actualización de la web, no están claros los planes de la Administración de Trump para el medio, que enfrenta, con toda probabilidad, un recorte de medios humanos y materiales que complicará su labor informativa. El diario Granma ha emitido a lo largo de toda la semana una entrevista presentada en cuatro partes en las que el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, ha analizado la situación del sistema eléctrico nacional y los trabajos para recuperarlo. El funcionario ha hablado largo y tendido sobre los nuevos parques solares chinos, que ya son ocho, y la recuperación de varias termoeléctricas, entre ellas la Antonio Guiteras, que deberá salir durante casi 10 meses para una reparación capital que tiene pendiente desde hace dos décadas. El ron, el humo y el dragón, una columna de Xavier Carbonell. “En un mundo como el de hoy, o como el de cualquier época, el zen desarma al ateo y al fanático religioso, al cura y al laico, al que tiene esperanzas de algo y al que ya lo perdió todo, al estresado y al pacífico, al ignorante y al filósofo, al indio o al cubano, por exótico que parezca el choque. No es terapia ni religión, es vacío. Han pasado cinco años más y el zen me sigue pareciendo una forma muy libre y lúcida de ser uno mismo. Pero qué es uno mismo, preguntarían los maliciosos monjes zen. ¿Y qué es uno? ¿Y qué es mismo?”. |
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