Este jueves llegó a La Habana el séptimo vuelo de deportación de migrantes cubanos procedente de Estados Unidos en lo que va de año. Según confirmó el Ministerio del Interior, el avión retornó a la Isla a 118 personas, 96 hombres y 22 mujeres, que habían salido del país de manera irregular. Con esta operación son ya 27 las devoluciones desde diferentes naciones en 2025, con un total de 833 ciudadanos. Según el Departamento de Seguridad Nacional, más de 600 proceden de EE UU. En el marco de las reformas raulistas, que pedían que se suprimieran subsidios, los trabajadores cubanos votaron mayoritariamente a favor de que se eliminaran los comedores obreros que el Estado sostenía. A cambio estaba previsto que recibieran un suculento estipendio con el que además podían pagarse la comida. Pero el tiempo y la inflación hacen que muchos se lamenten de aquella decisión e incluso las empresas que los mantuvieron deben lidiar con la pérdida de la calidad y cantidad de los alimentos. Lleva la cara oculta bajo una gorra en cuya visera hay un calvario pintado con tinta. Sobre las orejas le nacen tirabuzones de pelo castaño, masca un tabaco y su boca, rodeada por una barba de varios días, dibuja una mueca de bucanero. Es un pirata del siglo XXI, pero no tiene nada de pintoresco ni se trata de un “disfraz”: para sobrevivir en La Habana hay que tener el sable en la mano, pero en su caso el sable no es otra cosa que una muleta. Semanas después de la destitución de la ministra de Trabajo por decir que en Cuba no hay pobres, recorrimos la capital y encontramos estas estampas. Un artículo de Yunior García Aguilera sobre el 45 aniversario del suicidio de Santamaría: “A finales de los 70, Haydée ya no creía. Había aprendido a callar por dentro. La represión se endurecía; la cultura era cada vez más instrumental. Y en abril de 1980, la estampida humana hacia la Embajada de Perú la dejó atónita. Cuba golpeaba a los que se iban. Se organizaban mítines de repudio. Las turbas gritaban insultos a los ‘gusanos’ desde las puertas de los comités de vigilancia revolucionaria. Haydée se derrumbó”. “Lenin le confiesa a Wells que la idea de que la Revolución haya arrancado en Rusia y no en Inglaterra, como había previsto Marx, lo desvela. Esa piedra en su zapato teórico lo lleva a improvisar constantemente. Es un Gobierno improvisador, subraya Wells, porque nada salió como había profetizado el barbudo alemán. Esa duda aísla a Lenin de los rusos más que las decenas de militares que le cuidan las espaldas, y que hacen de él, según Wells, un dictador en sentido estricto. Dicta porque el país que quiere solo puede existir en las palabras, nunca en la realidad”. Xavier Carbonell sobre el encuentro entre H. G. Wells y Lenin en 1920. |
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