La situación se precipitó la madrugada del viernes al sábado, cuando las bombas empezaron a caer sobre varios puntos de Venezuela. En pocos minutos se supo que EE UU había entrado a detener a Nicolás Maduro y su esposa –rompiendo el anillo de seguridad del mandatario y matando, según el oficialismo, a 32 cubanos que lo integraban– para ser llevados a Nueva York, donde serán juzgados por delitos vinculados al narcotráfico. A cargo del país queda por ahora Delcy Rodríguez, que colaborará aparentemente con EE UU, aunque María Corina Machado sigue confiando en que su turno está a punto de llegar. Se ha cumplido un año desde las explosiones en la unidad militar de Melones, en Holguín, donde perdieron la vida 13 personas. Los familiares, advertidos de las consecuencias de hablar con la prensa independiente, mantienen silencio, pero siguen esperando una explicación de las autoridades. La población también se pregunta qué ha pasado con la investigación que debía esclarecer lo ocurrido aquel día, sobre todo por el temor de que bajo esas y otras lomas siga habiendo túneles con explosivos que podrían detonar en cualquier momento. En los últimos días se multiplicaron las noticias que dejan ver cuál es la apuesta del Gobierno para solucionar la crisis de la vivienda: los contenedores reciclados. La solución, que ya se estaba poniendo en marcha en provincias como Sancti Spíritus, Las Tunas o en Guantánamo, parece algo más que puntual y se extiende por toda la Isla, pero los expertos advierten: es una solución rápida y económica, pero necesita seguir unas medidas de seguridad y protección frente al calor, el frío o la humedad. Nicolás Maduro y las lecciones que la escuela Ñico López no le enseñó, un análisis de Natalia López Moya. “Quizás esa sea la lección: que el poder absoluto no solo corrompe, también aísla; que gobernar no es resistir indefinidamente, sino adaptarse; que la historia no se detiene por decreto. Maduro creyó que bastaba con repetir el libreto aprendido en La Habana para sostenerse. Olvidó –o nunca le enseñaron– que incluso las escuelas del poder tienen límites. Y que, llegado el momento, los alumnos más fieles pueden terminar siendo los ejemplos más incómodos”. “Las palabras de Donald Trump tras la rueda de prensa en Mar-a-Lago generaron otra polémica todavía más ruidosa. El presidente habló de petróleo –mencionó la palabra 20 veces–, pero evitó términos como derechos humanos, presos políticos o democracia. Tampoco se alineó con la figura que una mayoría de venezolanos identifica como líder legítima de la oposición, María Corina Machado. En su lugar, señaló a Rodríguez como la conductora del cambio. Para comprender ese discurso quizás no basta con mirar hacia Caracas. Hay que observar hacia el ombligo de Estados Unidos”. Yunior García Aguilera habla de las corrientes dentro del movimiento MAGA. |
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