El régimen cubano se queda (casi) soloSin el respaldo de Venezuela y bajo presión de Estados Unidos, La Habana pierde apoyos comerciales mientras el Parlamento Europeo se plantea revisar su acuerdo político con la Isla.El 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión para el régimen cubano. La captura y extradición desde Venezuela de Nicolás Maduro colocó a La Habana ante un escenario que no preveía y para el que no tiene respuestas eficaces. La caída de su principal aliado político y económico ha dejado al Gobierno de Miguel Díaz-Canel en una posición de extrema debilidad y activado una cadena de reacciones internacionales que reducen aún más su limitado margen de maniobra. Cuba llega a este momento tras décadas de deterioro estructural. El modelo castrista dinamitó los principales pilares productivos, descuidó la infraestructura industrial y de servicios y hoy se sostiene, de forma inestable, mediante acuerdos comerciales precarios y un endeudamiento creciente. En ese esquema, Venezuela fue durante años su principal garante. Con Caracas fuera de juego, la dependencia cubana se convierte en un problema existencial. Esa vulnerabilidad es ahora explotada por Washington. El 11 de enero, el presidente Donald Trump advirtió que dejarían de llegar a la Isla tanto petróleo como recursos financieros, e instó al régimen a negociar “antes de que sea demasiado tarde”. Al mismo tiempo, anunció que intensificaría la presión contra las misiones médicas cubanas en el exterior. Con ello, Estados Unidos apunta a dos objetivos centrales: cortar el suministro de combustible que mantiene en funcionamiento la economía del régimen cubano, y debilitar una de sus principales fuentes de divisas. Y las consecuencias no se han hecho esperar. En cuestión de días, varios países comenzaron a revisar sus vínculos con La Habana, especialmente en las dos áreas señaladas por la administración estadounidense: el suministro de petróleo y la contratación de personal sanitario cubano. En el primer caso, México queda prácticamente como el único proveedor relevante de crudo para Cuba, una posición que genera un creciente costo político interno. El respaldo sostenido del Gobierno mexicano ha sido cuestionado incluso dentro del oficialismo. El senador Ricardo Sheffield pidió evaluar la conveniencia de mantener el suministro a La Habana, dadas las tensiones con Estados Unidos y la delicada situación financiera de Petróleos Mexicanos (PEMEX), empresa que arrastra una elevada deuda con proveedores y contratistas. Críticas similares provinieron del excanciller Jorge Castañeda, quien advirtió que el apoyo a Cuba puede dañar una relación estratégica para México, justo cuando el tratado comercial con Estados Unidos y Canadá (T-MEC) atraviesa un proceso de revisión bajo presión arancelaria. A este clima se sumó la solicitud del alcalde de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, para reubicar las embajadas de Cuba, Venezuela y Nicaragua fuera de su demarcación, en un gesto simbólico que refleja el creciente aislamiento de esos regímenes. Paralelamente, otros países comenzaron a distanciarse de las misiones médicas cubanas. Antigua y Barbuda, por ejemplo, incorporó esta semana a 120 enfermeros de Ghana para reforzar su sistema sanitario, después de 25 años de cooperación con Cuba. Aunque las autoridades evitaron hablar de una cancelación formal, reconocieron que el acuerdo está “sujeto a cambios”. Situaciones similares le preceden en el Caribe. En marzo, Jamaica revisó su propio memorando de entendimiento con La Habana y retiró un número significativo de sanitarios cubanos sin reemplazo. Bahamas anunció en junio que se preparaba para cancelar contratos, y Saint John’s los dio por terminados en diciembre. Estas decisiones estuvieron directamente vinculadas a la revocación de visas anunciada por Estados Unidos para funcionarios extranjeros implicados en la contratación indirecta de personal cubano. En Europa, la presión también aumenta. En Italia, la región de Calabria lanzó un llamado público para contratar médicos extranjeros, en medio de advertencias del Ministerio de Relaciones Exteriores sobre el riesgo de sanciones estadounidenses y de preocupaciones expresadas por la Unión Europea ante denuncias de trabajo forzoso en el programa cubano. El golpe más contundente llegó esta semana, el 21 de enero, cuando el Parlamento Europeo aprobó una enmienda para revisar y suspender el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación vigente con Cuba desde 2017. El texto expresa una “profunda preocupación” por el financiamiento europeo a regímenes autoritarios como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, y señala, entre otros puntos, la presencia de militares cubanos en la invasión rusa de Ucrania. La enmienda insta a utilizar “todos los instrumentos disponibles” para exigir el cumplimiento de normas democráticas y de derechos humanos, y cuestiona que la Unión Europea continúe destinando millones de euros a un régimen cuya lista de acciones hostiles “es larga”. El mensaje es claro: la impunidad ha terminado y la comunidad democrática internacional no está dispuesta a seguir legitimando a La Habana. Estas reacciones van desmontando, una a una, las vías a través de las cuales el régimen cubano obtenía recursos y reconocimiento. Los apoyos que permanecen son aquellos basados en intereses geopolíticos más duros, como los de China y Rusia. Pekín anunció recientemente una asistencia financiera de emergencia de 80 millones de dólares y la donación de 60.000 toneladas de arroz. Moscú, por su parte, envió a La Habana a su ministro del Interior, subrayando la cooperación en materia de control social, inteligencia y vigilancia, además de lanzar una señal política hacia Washington. Sin embargo, estos gestos parecen insuficientes para sostener un sistema que muestra signos evidentes de agotamiento. Con la economía casi paralizada, sin combustible, sin divisas y cada vez más aislado, el régimen cubano enfrenta la coyuntura más crítica de su historia reciente. Estados Unidos, por ahora, observa y espera señales de cambio en la Isla antes de finalizar el 2026. |

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