sábado, 10 de enero de 2026

DIARIO DE CUBA: Venezuela, un golpe que redefine el escenario cubano

 

Venezuela, un golpe que redefine el escenario cubano

La captura del dictador venezolano por parte de EEUU deja al régimen de Miguel Díaz-Canel en una situación de extrema fragilidad. La Habana queda expuesta como un poder dependiente y vulnerable.

 
Díaz-Canel, Maduro. La Habana, 21 de abril de 2018. (XINHUA/PRESIDENCIA DE VENEZUELA)

Esta semana, lo más relevante respecto a Cuba ocurrió más allá de sus fronteras, con la captura de Nicolás Maduro por las tropas de EEUU. La acción cambia drásticamente el escenario político para el régimen cubano, abre múltiples interrogantes y ofrece algunas certezas.

La primera y más urgente es: ¿de dónde vendrá el petróleo? Venezuela proveía alrededor de un tercio del total de combustible necesitado por Cuba, quien pagaba con servicios profesionales —médicos, profesores, asesores militares y de inteligencia, etc.—, un modelo de transacción que, con toda probabilidad, ha llegado a su fin. En ese sentido, la intervención militar de EEUU supone un golpe demoledor para La Habana. La actual presencia de todos los buques petroquímicos cubanos en aguas nacionales, confirma la paralización casi total de las importaciones de combustible, luego de que la Isla recibiera a finales de diciembre cargamentos de Rusia y México.

En diciembre, Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, comentaba a DIARIO DE CUBA que “en caso de una interrupción del suministro de petróleo crudo y/o combustibles venezolano, mexicano o ruso”, Cuba estaría obligada a adquirirlos en el mercado internacional, y “la factura anual sería de aproximadamente 3.000 millones de dólares”. Este es un gasto que el régimen no será capaz de asumir, sumergido como está en una profunda crisis económica, una de cuyas aristas es la debacle energética, condicionada además por el colapso de una infraestructura técnica que tampoco puede rehabilitar.

El impacto inmediato de la caída de Maduro

Dos días después de los sucesos de Caracas, las plataformas de seguimiento marítimo evidenciaron que el Gobierno cubano desplazó sus reservas de petróleo a bordo de buques petroquímicos hacia la bahía de Matanzas. La concentración de las embarcaciones operadas por el conglomerado empresarial de los militares, GAESA, podría suponer el paso previo a la descarga de sus existencias, una acción desesperada ante la pérdida total de suministros venezolanos.

Varios de esos barcos, que no viajaban a Venezuela desde hace meses, solían permanecer aguas afuera, actuando en el cabotaje de combustible entre puertos de la Isla, o como buques depósito en las operaciones de descarga barco-a-barco, muy usadas por la “flota fantasma” que mueve una parte importante de las exportaciones venezolanas.

Ahora, sin que desde mediados de diciembre llegue a Cuba el suministro regular de crudo proveniente de Caracas, México pasa a ser el principal proveedor de la Isla, algo que podría generar conflictos con Washington y convertirse en un nuevo foco de tensión.

Hace pocas semanas, Katherine Dueholm, subsecretaria adjunta principal para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de EEUU, arremetió contra México al declarar ante un subcomité del Congreso que el Gobierno de Claudia Sheinbaum “con frecuencia ha actuado de maneras que van en contra de los objetivos de Estados Unidos” y que “el Departamento de Estado continúa presionando a México para que desempeñe un papel regional constructivo, alineado con los objetivos de la política exterior de EEUU”.

Posteriormente, la presidenta Sheinbaum negó que su país incrementara los envíos de petróleo a Cuba, aunque reconoció, eso sí, que “con la situación actual de Venezuela, México se convierte en un proveedor importante” para la Isla.

Todo ello dibuja un escenario de máxima vulnerabilidad para La Habana, atrapada entre la pérdida de su principal sostén externo, la presión de Washington sobre los flujos energéticos regionales y una economía interna paralizada. La reconfiguración de Venezuela no solo acelera una crisis energética crónica, sino que estrecha el margen de maniobra del régimen cubano.

La presencia militar cubana en Venezuela: una verdad confirmada y un régimen más expuesto que nunca

Otra cuestión importante que gravita tras los sucesos de Venezuela es la presencia de militares cubanos en ese país, sobre todo en el círculo de seguridad personal de Maduro. Negada con firmeza hasta ahora por el régimen de Díaz-Canel, esa presencia evidencia la compleja red de relaciones entre el chavismo y el castrismo.

La Habana no se pronunció sobre el tema hasta el domingo siguiente al ataque, cuando publicó una nota en Granma, órgano oficial del Partido Comunista, en la que reconocía la muerte de 32 soldados cubanos en la operación de EEUU a Venezuela, para seguidamente decretar duelo nacional de dos días. La nota expresó que los militares cubanos se encontraban cumpliendo “misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos de ese país”. Más allá de estas declaraciones, la confirmación de la muerte de militares cubanos demuestra la infiltración total de Cuba en la jerarquía del régimen chavista.

A inicios de diciembre, The New York Times informó que Maduro había ampliado “el papel de los guardaespaldas cubanos en su equipo de seguridad personal” y había agregado “más oficiales de contrainteligencia cubanos al ejército de Venezuela”. Antes, a finales de noviembre, la congresista cubanoamericana María Elvira Salazar había dicho en una entrevista con Fox & Friends que lo que impedía al dictador abandonar Venezuela era que estaba recibiendo “instrucciones” y amenazas de los cubanos para que no se fuera, asegurando que éstos estaban dispuestos a matarlo antes de permitirle dejar el poder.

Al verse obligada a admitir las muertes, La Habana ha destapado una de sus reiteradas mentiras. La tesis de que Cuba le dio primero a Hugo Chávez y luego a Nicolás Maduro el primer anillo de seguridad, la protección más cercana, ha terminado por comprobarse.

Un exfuncionario chavista, citado de forma anónima, explicó que, tras el intento de golpe de Estado en 2002 contra Hugo Chávez, éste tuvo una desconfianza permanente hacia los militares venezolanos. “Chávez dejó de confiar plenamente en ellos, y no solo entregó su seguridad a los cubanos, sino que también les permitió vigilar lo que ocurría en los cuarteles”. Esta dinámica se perpetuó bajo Maduro, quien, a pesar de una reducción gradual en el número de efectivos cubanos en años recientes, nunca se desprendió por completo de ese soporte externo, en especial para su protección personal.

El libro La invasión consentida, firmado bajo el seudónimo Diego G. Maldonado, ofrece un análisis de esta infiltración, basado en testimonios y documentos. Según Maldonado, para 2008 se firmó un pacto secreto que permitía a Cuba acceder a las fuerzas armadas y servicios de inteligencia venezolanos. Esto incluyó el entrenamiento de tropas, la reestructuración de agencias y la construcción de sistemas de vigilancia.

En 2012, se estimaba que más de 2.700 miembros de la inteligencia y 500 militares cubanos se hallaban en Venezuela, incluyendo un general que asesoraba al ministro de Defensa. La creación de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) en 2011 fue un hito: penetrada por personal cubano, esta entidad podía interrogar a oficiales locales, imponiendo modelos organizativos inspirados en la experiencia castrista. Iván Simonovis, excomisario de policía venezolano, lo resumió así: “Los cubanos son buenos en el área de inteligencia. Las dictaduras se mantienen porque tienen aparatos de seguridad efectivos”.

Sin embargo, el caso de Maduro, la forma en que fue capturado y sacado de territorio nacional, también deja al descubierto la debilidad de un anillo de seguridad que no logró detectar con antelación la llegada de las tropas de EEUU. La captura del dictador deja al régimen cubano en una situación de extrema fragilidad. Sin su principal aliado político, su sostén financiero más importante y fuente clave de suministro energético, La Habana queda expuesta como un poder dependiente, vulnerable y sin capacidad de respuesta estructural.

La admisión de la presencia militar cubana en Venezuela desmonta años de negación oficial, y revela hasta qué punto el régimen apostó su supervivencia a un entramado externo hoy desmantelado y vinculado al narcotráfico, que sitúa al castrismo en uno de los momentos más delicados de su historia. Según el politólogo Juan Antonio Blanco, en Cuba la dictadura no tiene ya “nada que ofrecer a Washington, salvo dejar de representar un peligro para su seguridad nacional. Eso supone solo una cosa: que desalojen de forma no violenta el poder”.

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