Las aerolíneas canadienses han suspendido todos los vuelos a Cuba desde que el pasado domingo se anunció la imposibilidad de repostar en los aeropuertos internacionales de la Isla. A pesar de la caída de estos años, el mercado canadiense sigue siendo el primero para el turismo en la Isla, ya que aporta la mitad de los visitantes. Las agencias de viajes de Canadá intentan gestionar la avalancha de peticiones de información, cancelaciones y otras solicitudes, aunque la mayoría de los que están allí se lo toman con calma y volverán cuando acaben sus vacaciones, afirman fuentes del sector. El año 2025 comenzó con una noticia que este diario documentó con imágenes exuberantes: la apertura del Supermercado 3ra y 70 de La Habana, repleto de productos carísimos, que se convirtió en un emblema de la dolarización y el lujo para unos pocos. Ha pasado apenas poco más de un año y ahora los estantes están completamente vacíos. “Si esto está vacío, ya cualquier cosa se puede esperar, porque era la tienda mejor surtida del país”, cuenta una clienta del establecimiento que ahora es el escaparate de la agonía del régimen. La salida de Maduro del poder en Venezuela ha dado paso a un proceso que ahora se denomina “descubanización” y que mantiene en vilo a unos 30.000 profesionales de la Isla que estaban desplazados en el país sudamericano. A la incertidumbre sobre qué pasará con su futuro se suma el temor a un rechazo social en un momento en el que ser cubano ya no es algo que, como dicen ellos mismos, “se pueda ir exhibiendo”. Conversamos con algunos. Cuba y la hora de quitarse las máscaras, por Yoani Sánchez. “No solo el miedo ha cambiado de bando, dada la exigua tropa del régimen, sino que la esperanza de que este momento tan difícil dará paso a 'una Cuba libre' se ha instalado en el imaginario colectivo. ‘Falta poco’, me dice otra vecina desde su balcón. ‘De esta sí salimos de ellos’, agrega antes de tender la sábana que ha lavado a mano, en medio del apagón”. Una columna de Yunior García Aguilera. “Cuba ha perdido en los últimos años a miles de escritores, artistas visuales, cineastas, actores, editores, curadores. El país que presumía de su capital simbólico expulsa, uno tras otro, a quienes lo producen. El régimen nunca ha defendido la cultura como espacio diverso y vivo; defiende una versión domesticada, utilitaria, subordinada al relato oficialista. Por eso no sorprende a nadie que, llegada esta hora crítica, el arte se convierta en una de las primeras víctimas. En el altar del colapso, la cultura es siempre de las primeras en ser ofrecidas como sacrificio”. |
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