A MODO INTRODUCTORIO
Desgarro, solo desgarro en el ruinoso paraíso provocaron
en mí levantar mi propio cadáver. No hay puertas ni ventanas en la tierra prometida.
No queda un soplo de esperanza: solo talleres y tertulias literarias que
incentivaron mi vocación de sincerarme. Después… ¡El Calvario!
(Epístolas de El Hijo)
I
Padre:
El viento del sur pretende sacudir mi cabeza mientras el
culpable esparce la ceniza y derrama hiel. Cabalgaré el cielo entre la multitud
de pájaros que pastan en tus vértebras y se condecoran con la sangre del
prójimo. Es importante multiplicar los instintos y agonizar día a día frente al
plato de sopa insatisfecho. Si alguien me amó, que borre sus huellas y no ponga
el pie entre las rosas. Rasga mi vestidura porque siempre seré extranjero entre
los ángeles.

No hay comentarios:
Publicar un comentario