El régimen cubano lo niega todo, como en la canción de Joaquín Sabina.
Ellos juran que no constituyen una amenaza para nadie. Se presentan ante el mundo como una pobre e inocente Caperucita Roja que solo lleva la sopa para todas las abuelitas del bosque mientras los acecha el malvado lobo feroz. Pero en ese cuento faltan algunos “detalles” históricos.
Por ejemplo: Cuba ha sido el único país de América Latina donde una potencia extranjera llegó a instalar armas nucleares. O sea, fuimos una amenaza real para todo el planeta.
También suelen olvidar aquella célebre carta del barbudo a Nikita Jrushchov, donde le sugería que, si Estados Unidos atacaba la Isla, la URSS debía lanzar primero el golpe nuclear.
La respuesta del líder soviético fue de alarma absoluta. Había puesto sus juguetes en las manos de un loco que le había prendido candela a su propia casa cuando era un mocoso. Por suerte, los desconfiados rusos mandaron los cohetes en piezas separadas, y ningún barbudo fumador de habanos sabía cómo demonios se armaban aquellas cosas.
El viejo Nikita le respondió que una acción así significaría la desaparición inmediata de Cuba. Pero la réplica desde La Habana fue aún más preocupante: estaban dispuestos a inmolarse.
Obviamente, el enemigo número uno de la Gillette no le había preguntado a ningún cubano si le parecía bien freírse en nombre de San Marx, pero la Isla ya padecía de castritis, y el que no, ya estaba preso, “desaparecido en el mar”, fusilado o en el exilio.
Aquello fue una muestra temprana de hasta dónde podía llegar la lógica destructiva del régimen cuando se trata de sostener su fanatismo, incluso al precio de convertir a la Isla en zona cero. Y al mundo en cenicero.
No sorprende que, ante ese nivel de psicopatía, Moscú terminara negociando directamente con Washington, dejando fuera de la mesa a quien parecía más dispuesto al apocalipsis que a trabajar para desarrollar al país.
Después de ser ninguneado, el barbudo se acomplejó y decidió conquistar África y llenar la América Latina de guerrillas, así como convertir la Isla en el refugio de cuanto extremista anduviera suelto por el mundo.
¿Que si el castrismo es una amenaza para Estados Unidos? Bueno… En primer lugar, es una amenaza para los propios cubanos. Pero también ha demostrado estar dispuesto a provocar un armagedón en su lucha eterna “contra el imperialismo yanqui”, una obsesión que se le metió en la cabeza al Fifo desde que Eisenhower lo ignoró para irse a jugar golf.
Todo esto comenzó por el frágil ego de un megalómano. Y sus fanáticos, ya que no pueden incendiar el planeta, pretenden al menos hundir a la Isla en el mar. Es un final menos hollywoodense, pero la película se quedó sin presupuesto.
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