Pese a la prohibición estatal y los rigurosos controles aduaneros, el servicio satelital Starlink se expande de forma clandestina por las azoteas de Cuba como una herramienta de supervivencia frente al colapso de Etecsa y la crisis energética. Mediante el contrabando de equipos camuflados, el uso de cuentas activadas en el extranjero y sistemas de energía independientes, algunos han logrado burlar el monopolio estatal para acceder a una conexión estable, indispensable para el teletrabajo. Su costo es, sin embargo, prohibitivo, alcanzando hasta los 1.800 dólares en el mercado negro. La española Vima Foods prevé facturar 250 millones de dólares en 2026 y duplicar la cifra para 2030 mediante su expansión hacia Europa y África. La cadena, fuertemente vinculada a Gaesa, mantiene su pilar fundamental en Cuba, donde obtiene casi la mitad de sus ingresos a pesar de la crisis. La firma está sujeta, pese a su éxito, a fuertes críticas en la Isla por la baja calidad de sus productos, sus precios elevados en el mercado dolarizado y un origen empresarial opaco que se remonta al Período Especial bajo el amparo de la élite política. El régimen cubano comenzó este 3 de abril a sacar de prisión a algunos de los reclusos incluidos en el anuncio oficial de excarcelación de 2.010 personas. Pero, lejos de la imagen de apertura que intenta vender La Habana, los primeros datos verificados apuntan en otra dirección: los beneficiados no son presos políticos, sino reclusos comunes, en una operación que parece orientada a aliviar el hacinamiento y reducir costos penitenciarios sin tocar el corazón de la represión. Varias organizaciones cubanas e internacionales han denunciado la situación. El hasta ahora monopolio Acopio deberá acostumbrarse a competir con los privados, que tendrán derecho, de acuerdo con la última legislación, a comercializar de manera mayorista y mayorista en el país. El Gobierno ha publicado dos normas que cambian el sistema de venta para los productores, que podrán también romper el contrato si la entidad con quien lo hicieron carece de capacidad para pagar. También podrán exportar a través de las empresas habilitadas para hacerlo, con una excepción: el Estado se reserva los rubros más lucrativos, como el tabaco, el café, el carbón o el cacao. Yoani Sánchez recorre la capital de “los nombres perdidos” en Crónicas de La Habana. “Todavía hay mucha gente en esta ciudad que llama Ten Cent a la tienda de Galiano y le dice Sears al reconvertido en Palacio de Computación, casi siempre vacío y oscuro. Ya casi no queda nadie en La Habana que le diga Plaza Cívica a la Plaza de la Revolución o Edificio Radiocentro CMQ al complejo donde está el cine Yara. Los que usaban esos nombres se exiliaron o murieron. Pero de vez en cuando me topo con alguien que me explica una dirección precisando que ‘hay que doblar a la derecha en el edificio del Diario La Marina’ o ‘seguir recto después de pasar Lámparas Quesada’. El mapa de lo perdido sigue vigente en nuestra memoria”. |
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