martes, 2 de junio de 2026

EL AJEDREZ DE LOS INGENUOS - JORGE L. LEÓN


El ajedrez de los ingenuos.
La fábrica de los espejismos políticos.
Por: Jorge L Leon Historiador e investigador. C/59/.
Hace relativamente poco me encontré con una frase del escritor español Arturo Pérez-Reverte que llamó poderosamente mi atención: "Los tontos son peores que los malos." La sentencia parece exagerada a primera vista. Sin embargo, mientras más se estudia la historia política de los pueblos, más evidente resulta la profundidad de esa observación.
Los malos han existido siempre. Ambiciosos, manipuladores, oportunistas y demagogos aparecen una y otra vez bajo distintos nombres, banderas y discursos. Pero rara vez triunfan solos. Necesitan algo más. Necesitan una multitud dispuesta a creer sin examinar, a seguir sin preguntar y a repetir sin comprender.
Los grandes desastres políticos de la humanidad no fueron construidos únicamente por hombres perversos. Fueron posibles porque millones de personas renunciaron a ejercer el pensamiento crítico. Cambiaron la razón por la emoción, el análisis por la consigna y la evidencia por la esperanza.
La política se parece mucho al ajedrez. Cada movimiento genera consecuencias futuras. Cada pieza tiene una función específica. Cada error puede alterar por completo el resultado de la partida. Sin embargo, mientras algunos calculan varias jugadas por adelantado, otros apenas observan la apariencia inmediata de la posición.
Es precisamente en ese espacio donde nace la fábrica de los espejismos políticos.
Los vendedores de ilusiones conocen bien la naturaleza humana. Saben que resulta mucho más fácil despertar emociones que construir argumentos sólidos. Saben que una frase brillante suele tener más impacto que una explicación compleja. Saben que una promesa atractiva produce más entusiasmo que una verdad incómoda.
Por eso ofrecen paraísos instantáneos.
Prometen prosperidad sin esfuerzo.
Ofrecen igualdad sin sacrificios.
Garantizan justicia sin instituciones.
Y anuncian soluciones simples para problemas extraordinariamente complejos.
Muchos ciudadanos, seducidos por estas promesas, dejan de formular las preguntas esenciales.
¿Quién es realmente este líder?...
¿Qué hizo antes de llegar al poder?
¿Cuáles son sus antecedentes?
¿Qué resultados concretos produjo donde gobernó?
¿Qué piensa acerca de la libertad de expresión?
¿Qué entiende por democracia?
¿Qué mecanismos impedirán que abuse del poder?
Cuando una sociedad deja de hacer preguntas, comienza a caminar hacia el precipicio.
Los tontos útiles no suelen actuar por maldad. Esa es precisamente la tragedia. Con frecuencia creen estar ayudando a construir un mundo mejor. Defienden causas que consideran nobles. Repiten consignas que les parecen justas. Apoyan proyectos que imaginan beneficiosos.
Pero al renunciar al escrutinio terminan convirtiéndose en instrumentos involuntarios de quienes sí tienen objetivos mucho más oscuros.
Los malos ponen la semilla.
Los ingenuos preparan el terreno.
Y la sociedad termina recogiendo la cosecha.
La emoción ocupa un lugar legítimo en la política. Sin emoción no existirían la solidaridad, el patriotismo, la compasión ni el deseo de mejorar la sociedad. El problema aparece cuando la emoción sustituye completamente a la razón.
Un discurso emocionante no constituye una prueba.
Una multitud entusiasta no constituye una prueba.
Una promesa hermosa no constituye una prueba.
La política responsable exige examinar hechos, antecedentes, cifras y resultados.
Las emociones pueden inspirar una decisión.
Los hechos deben validarla.
La historia demuestra una verdad incómoda: las libertades rara vez desaparecen de golpe. Generalmente se erosionan poco a poco, mientras una parte de la sociedad aplaude medidas que considera beneficiosas sin advertir el peligro que contienen.
Los pueblos que sobreviven a las grandes crisis son aquellos que aprenden a desconfiar de los espejismos. Son los que entienden que ningún líder debe quedar exento de preguntas y que ninguna ideología merece obediencia ciega.
En el ajedrez, el jugador inexperto observa la jugada inmediata.
El maestro estudia las consecuencias.
En política ocurre exactamente igual.
Las sociedades maduras aprenden a pensar varias jugadas por delante.
Las inmaduras se dejan seducir por el movimiento aparente y descubren demasiado tarde que han caído en una trampa cuidadosamente preparada.
Los malos representan un peligro permanente.
Pero el verdadero desastre comienza cuando los ingenuos les entregan las llaves del poder creyendo que están abriendo las puertas del paraíso.
La libertad no suele morir por falta de héroes.
Con demasiada frecuencia muere porque demasiados ciudadanos dejaron de hacer preguntas.#jleon

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