sábado, 11 de julio de 2026

Del libro: LAS GRIETAS DEL VIENTO (Amazon)

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XXXIII

 

Ellos emboscan mi exilio en cada lamento

en cada estornudo.

Ellos

         -los de siempre

                                 los de nunca-

agujerean espacios donde no estoy

por falta de municiones y de alquimia

pero no pueden tocar los manantiales

ni esos gorriones que se amotinan

                                         en el desencanto.




 

XXXIV

 

Se han cumplido todas las horas

y yo salgo a mi rostro para no recordar

que esta rueca se ha detenido.

Salgo para no olvidarme

de mi condición mediocre

que explotará en cualquier esquina

mientras bostezo.




XXXV

 

Cuando Virgilio Perera saltó por el balcón

de la Unión Árabe de mi país

su cabeza perdió todas las rosas.

Dijeron que estaba ebrio y deprimido

que era un saco de huesos y nicotina.

Pero yo en la retina guardé su cráneo

y constato que estaba lleno de abriles

y de frondas que ninguno quiso ver.

 

 

 

XXXVI

 

Sola me dejó la aurora

sin el trinar de las aves.

Velas izaron las naves

sobre el mar que también llora.

Ya ni el cielo me enamora

ni el cantar de una sonrisa.

Desde el rostro de la brisa

que se incrusta en los espejos

solo saltan los conejos

que se van a toda prisa.


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