AQUÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Del cuaderno de Prosa Poética DE QUIMERAS

CRÁPULA

Soy el crepúsculo indócil. Abro fuego contra el ansia que golpea dentro y acuchillo el corazón de los infieles. Soy mi hoguera y quiero gritar la desolación del mundo. Debo escupir sobre las ruinas de la carne. Si fuera Juana de Arco, pero no... Un caballo patea mi herida en la noche con sed de venganza. Y mi cama sola, solemne, medieval… ¿Qué estoy haciendo con mis uñas cuando puedo entonar una espada? Alguna canción late en la memoria de las calles sin tiempo. Ya puedo purgar mi síndrome en claustrofobia… ¿Quién vendrá a flagelarme entonces? ¿Con cuál látigo hará pedazos mi silencio? Hoy marchitan las palabras en los ojos… ¿Cómo confesar? Ha llegado el más brutal Tiempo de los Asesinos cuando la luna baja a mi ventana. He podido poner los pies sobre ovejas malditas para enviar el vellocino hacia otro sueño… ¡Oh, vírgenes falsas! ¿Quién consagra otro coliseo? ¿De qué péndulo ahorcarme? ¿Quién gritará por mí, ahora que regreso en menguante? ¿A cuál tortura someterme? ¿De qué labios podré hablar con cierto amor? Siempre acontece el espejismo… ¡Oh, ciudad del alma! Venus es el monólogo de Dios aunque se me condena por mi actual debilidad… Puedo ser Juana de Arco. ¿Merece la pena? Siempre sueño con mi barca de papel... ¿Cuál agua arrastra su memoria mientras logro encallar a la deriva de un beso o zozobro en la nostalgia? ¿Quién integra el ámbito de mi sed? Hoy soy mi propio semejante y me compadezco. Soporto la herejía como otras claridades que vienen a morir entre mis piernas. El ego revolotea en el umbral de la otra vida sumergido entre ausencias inútiles en el Gólgota mío… ¿Mañana quién podrá fusilarme? La verdad deja de ser verdad. Ya comienzan a madurar las piedras y mis amores, en el odio o la añoranza… Soy Juana de Arco… ¿Cómo es posible padecer este disfraz de luciérnaga pura y en celo? ¿Qué más da? ¿Cómo es posible mi estado de sitio? ¿Cómo puedo ser el fósil en un poema? Mi raza pertenece al silencio y nadie podrá gritar por mí… Nadie me debe un padrenuestro ni flores blancas a la hora del crimen… ¿Qué mano apretará esta garganta de polvo? El asfalto arruinado es mi piel; la ciudad, mi corazón: rústica sombra. Soy la jauría… El mundo sobre mí denigra su condición de fuego, pero alguien calzará abismos y encenderá una plegaria… Sabe lo que duele mi amor. Sólo así me hará justicia.

1 comentario:

  1. Gracias por tu generoso comentario en mi blog. No sé qué hice, pero se borró... Cosas de internet. Te leeré, y seguiremos en contacto.

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