I
Nadie atará
mis huesos a la fronda del delirio
en
marchitos amaneceres de esperanza.
Nadie
escupirá la sentencia de enclaustrar mi lengua
en el
laberinto del silencio
para que
los perros habiten en la estocada del insomnio.
Cuando el
otoño transversal descuelgue su alarido
de las
urnas apagadas
algunos
comenzarán a turnarse para descubrir el pie del cual cojeo
pero
resulta que soy un árbol
que poseo
pájaros y algún escaño en las nubes para escapar de la sed
pero
resulta que este país es una puesta de sol
y lo
desando a peldaños a pedacitos a humareda
entre
incógnitos barrotes de fierro transparente
donde
acalla la monotonía del paisaje.
MDenis©CE
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