XIX
has resucitado para salvarnos
-al menos eso dicen-
y yo resucito en ti
cada día
de cristales rotos
cuando quiero alejar el anticristo del espejo.
nadie puede impedir que vuelva a ser la mujer
que usa máscaras para evitar el castigo.
no te acepto
con la cabeza tumbada sobre el hombro
-es como negarte.-
los romanos
o sea
los hombres en cualquier dimensión
nos persiguen.
son los sabuesos de horrendas tiranías
que blasfeman a dios
durante el santo oficio de decapitarnos.
no seré mártir
de un ego tartamudo
-el mío-
desprendido entre luciérnagas
que arremeten contra el cielo de mis manos.
alguien comienza a fornicar
en nombre de su espada
cuando rezo un himno semejante al de mi pueblo.
no metas tu perfume de ángel en mi llanto
¡mi llanto-océano invisible de mortal!
se acercan tiempos de conquista
o tiempos de jugarnos el recuerdo
entre pétalos dormidos.
cuando ya nada quede
-ni siquiera la sombra de la ausencia-
tú y yo seguiremos aquí
con los brazos extendidos a la luz.
has resucitado para salvarnos
-al menos eso dicen-
y yo resucito en ti
cada día
de cristales rotos
cuando quiero alejar el anticristo del espejo.
nadie puede impedir que vuelva a ser la mujer
que usa máscaras para evitar el castigo.
no te acepto
con la cabeza tumbada sobre el hombro
-es como negarte.-
los romanos
o sea
los hombres en cualquier dimensión
nos persiguen.
son los sabuesos de horrendas tiranías
que blasfeman a dios
durante el santo oficio de decapitarnos.
no seré mártir
de un ego tartamudo
-el mío-
desprendido entre luciérnagas
que arremeten contra el cielo de mis manos.
alguien comienza a fornicar
en nombre de su espada
cuando rezo un himno semejante al de mi pueblo.
no metas tu perfume de ángel en mi llanto
¡mi llanto-océano invisible de mortal!
se acercan tiempos de conquista
o tiempos de jugarnos el recuerdo
entre pétalos dormidos.
cuando ya nada quede
-ni siquiera la sombra de la ausencia-
tú y yo seguiremos aquí
con los brazos extendidos a la luz.
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