REGISTRO CIVIL
Acabo de cumplir un poema de girasoles
y la culpabilidad del paraguas
que nos dejó al descubierto.
Acabo de sublevarme ante la rodilla del pánico
que produce la resignación.
Puedo ser el dolor menstrual de las gaviotas,
el entreparéntesis de un “te he amado siempre”
y, sin embargo, no acepto perder las alas
ni cobijarme en la dependencia
que pueda causar tu boca.
Soy lo que quiero ser en tus brazos
el todo salvaje
que palpa pedacitos de alegría en tu mirada
pero no me pidas que deposite obediencia ni
juramento
ni un trasnochado ímpetu de entrega.
No vayas a vendarme los ojos ni sujetes mis pies
o doblegues mi corazón.
No pidas que sea frágil ni mansa.
Quiéreme libre
y obtendrás el hallazgo de mi eternidad.
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